* * *
Yo te diré quien es mi amigo;
o mejor,
me pregunto:
¿sería capaz de contarte Su amistad?
Si pudieras sentirte satisfecho al máximo,
si pudieras reir de eternidad,
si al fin y al cabo tocaras lo inefable,
aun así
no te podría explicar
quien es mi amigo,
cuan bella es Su amistad
*
A veces me pregunto
si acaso yo mismo
llegaré algún día a comprender.
Y aunque me vuelva niño,
aunque lave mi alma
en el más puro manatial
y recobre la inocencia del Edén,
aún pasará el tiempo
sin que logre entender,
sin que logre aprender,
sin que logre gustar
la amplitud de Su cause,
la amplitud de Su andar.
*
Tal es mi amigo,
sencillo
como el cordero de los campos,
ligero
como el águila,
fuerte
como el león.
Es además mi Padre,
es mi hermano,
Él mismo me dio a luz.
*
Él ha venido a morar en mi templo;
en Su templo, perdón,
quise más bien decir.
*
Óyeme,
recuerda,
Él es también Tu amigo;
tú eres también Su templo;
¿No ves escrito acaso tu nombre
en Su gran libro?
El diario de Su vida
también te nombró a ti;
con cuanta maestría habló de ti y de mi;
bondad bañó el capítulo de nuestro caminar;
¡Cuan grande es nuestro amigo!
¡No lo puedo explicar!
* * *
-----------------------------------------
(Asunción, Paraguay. 1973). (Del libro: "Instancias").

El topacio, piedra difícil de topar, es hermoso si se lo encuentra.
Piedra en la que está escrito el nombre del apóstol de Jesucristo llamado Jacobo hijo de Alfeo.
Piedra que se encuentra en el Urim Tumim a nombre de la tribu de Simeón.
Invitación a la búsqueda y a escuchar atentamente.
topacios,
Jacobo hijo de Alfeo,
tribu de Simeón,
kisleu
SAGRADO
DE LA VERDADERA
EPISTEMOLOGÍA
El Trasfondo Sagrado de la Verdadera Epistemología
Teusaquillo, Bogotá, D. C. - Colombia, América del Sur.
Noviembre 2 del año 2000.
EL TRASFONDO SAGRADO DE LA VERDADERA EPISTEMOLOGÍA
La existencia de la voluntad en el hombre, del albedrío, de la responsabilidad, por ejemplo, condicionan el ámbito del cientismo humano. El hombre conoce mediante su integridad y la totalidad de su experiencia, y no meramente mediante el análisis lógico. El reduccionismo simplemente aísla algunos factores del resto de los demás y de la realidad e influencia de éstos en el contexto holístico.
El desinterés de Karl Popper (La Lògica de la Investigación científica) por las cuestiones de hecho, y su énfasis sobre la justificación y validez de un enunciado, olvidan los presupuestos subyacentes humanos que anteceden a la necesidad de los conceptos mismos de justificación y validez. ¿En base a qué pretende el hombre justificar o no, declarar válido o inválido un enunciado? ¿Acaso la lógica no descansa necesariamente en la ética? No puede divorciarse la lógica de la ética, ni la ética de su razón de ser, ni de lo categórico de su mandato, en el lenguaje kantiano (Crítica de la razón práctica).
La distinción popperiana entre la investigación lógica de los métodos y resultados de un examen meramente lógico, por un lado, y el proceso de concepción de una idea equis, por otro, facilita la trampa de que la lógica pretenda poder desentenderse de la condición que estructura un enunciado; y así Karl Popper y sus seguidores reducen voluntariamente el campo del conocimiento de las evidencias de tipo esencial que se revelan en la necesidad de una concepción, y de tipo existencial que se revelan en el método y los instrumentos escogidos y en el edificio de la justificación conceptual.
Cuando la mera lógica, sin su sustrato ético y sin el sustrato necesario a la ética, pretende a motu propio y sin justificación, constituirse antropocéntrica y humanísticamente en árbitro que determina la validez de un enunciado antes de que éste se pueda sostener seriamente, está descalificando a priori e injustificadamente una gran cantidad de hechos dados.
Lo dado se impone a la lógica y la desafía; ésta no puede deshacerse de lo dado, sino que debe acatarlo seriamente en su integridad, no importa su índole ni su tipo. La psicología de una concepción, y la esencia tras ella revelada, demandan el respeto de la lógica. Neciamente se puede hablar de contrastaciones sistemáticas, si para esas contrastaciones se prescinde de la psicología de la concepción, y de la esencia tras ella revelada.
Ante la negativa de Karl Popper de aceptar la tarea de comprender el proceso, y su razón de ser, de una reconstrucción racional, como si esto no perteneciese a la lógica del conocimiento, hemos de decir que a la lógica del conocimiento se antepone el requisito del conocimiento de la lógica y sus concomitancias.
Es el conocimiento de la lógica y sus concomitancias, parte de la materia propia de la epistemología; pues una lógica del conocimiento sin el conocimiento de la lógica y sus concomitancias, no califica aún para una epistemología verdaderamente científica e integral, no reduccionista. Y para que un conocimiento de la lógica y sus concomitancias sea tal, es imprescindible el acatamiento holístico a toda la realidad dada sin reduccionismos, y a las posibilidades de más allá.
Las tareas de la lógica, y las de la psicología empírica, junto con muchas otras, pertenecen todas conjuntamente a la integralidad humana y al verdadero conocimiento integrado. Por esa razón, Bergson (La Intuición filosófica) y Einstein hubieron de reconocer el ámbito al que llamaron intuición, y que Karl Popper considera un elemento irracional del que se puede independizar, pues opina que tal ámbito no es reconstruible lógicamente. Y eso se debe a su definición de la lógica en vacío, sin su contexto integral humano.
Pero sería más ético y más científicamente integrado, integrar la intuición y la ética en el campo de la epistemología, de la teoría del conocimiento, pues todo lo dado requiere lógicamente una inclusión. De otra manera el conocimiento no sería tal. El ser reclama integración. Es una falacia hablar de una lógica desvinculada del ser. La lógica es una función concomitante del ser. La lógica no se puede independizar del ser, ni el verdadero conocimiento de la integración de la vida y de lo dado.
La "esquizofrenia" del divorcio Lógica-Realidad no conduce a una verdadera ciencia, sino a una confinación innecesaria, inconveniente, reduccionista, no ética, y por lo tanto inmoral y no realmente científica. Es una huida culpable; el escondite de Adam. Es apenas un capricho y una injusticia. Equivale, digamos, a una ceguera voluntaria.
Las justificaciones finales de un proceso lógico descansan en un requerimiento ético, que a su vez revela una intuición que se hace certeza; lo cual, por su parte, revela uno u otro aspecto de la esencia de la naturaleza humana integral, y su contexto también integral.
La diferenciación de ciencia y tautología, no es simplemente lógica, sino también ética. Los mismos procedimientos popperianos que Karl Popper quiere meramente deductivos, y en nada inductivos, revelan la psicología de una exigencia ética inductora que antecede como fiscal al examen lógico. Si se reconoce su antecedencia, se percibirá que lo obligatorio de las deducciones revela un sustrato fideísta. El celo se levantaría religiosamente contra un comportamiento no ético que desconozca injustificadamente la lógica de los enunciados.
Es entonces cuando la conciencia y la responsabilidad se imponen a la lógica. O digámoslo mejor, se reconocen ineludiblemente hermanas, en nada independientes. Su última esperanza de justicia es de carácter religioso. Es entonces cuando lo sagrado se revela cual guardián inductivo de la lógica, de la ética, y de todo lo humano. No sería posible la verdadera ciencia y la verdadera epistemología sin el trasfondo de lo sagrado.
En las ruinas del monasterio de los esenios en Qumram

En las ruinas del monasterio de los esenios en Qumram
"Coletánea I".
Libro de Gino Iafrancesco V.
Colección antológica miscelánea en cadena temática de conferencias, artículos y ensayos de bibliología, hermenéutica, exégesis, dogmática, teología, teleología, cristología, soteriología, pneumática, eclesiología, escatología, heresiología, historia, apologética, filosofía, epistemología, derecho, economía y política.
INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA CRISTIANA DEL DERECHO, LA ECONOMÍA Y LA POLÍTICA
A LA
FILOSOFÍA CRISTIANA
DEL DERECHO,
LA ECONOMÍA
Y LA POLÍTICA
© Gino Iafrancesco V. - 1991
Introducción a la Filosofía Cristiana del Derecho, la Economía y la Política
Este artículo se escribió en Bogotá, D. C., el 8 de septiembre de 1991. Fue presentado al Comité Ideológico del Movimiento Unión Cristiana, y distribuido nacionalmente durante la campaña electoral de 1991.
Este documento se colecciona en Breviario Político.
DEL DERECHO, LA ECONOMÍA Y LA POLÍTICA
Todo lo que genuinamente y con propiedad lleve el nombre de Cristiano, está profundamente enraizado en la Sagrada Revelación Divina cuyo centro y clímax es Jesucristo y cuyo documento fundamental lo constituyen las Sagradas Escrituras. La Filosofía Cristiana es teológica y su Praxis es teocrática. Pero, aún más, su teocracia, su filosofía, su teología, y todo lo que en el Cristianismo bíblico se construye con la legitimidad de auténtico raigambre y linaje, es aún más que teológico, es de pura extirpe exegética, labrada con hermenéutica perenne.
La Revelación Divina es el motor primero y la impronta que marca el rumbo y el sentido, el camino y la meta, el método y el objetivo de la labor cristiana. La Persona de Jesucristo es la encarnación suprema de la autoridad evidente per se que rubrica lo definitivo y determina lo legítimo. Las Sagradas Escrituras con Su Espíritu manifiesto son el testimonio más fiel y verdadero de la Revelación Divina cuyo centro es Jesucristo. La Iglesia surge con y alrededor de ellas.
Por lo tanto es la exégesis el método fundamental que descubre para la Teología y para la Filosofía del Derecho, la Economía y la Política, los principios macro-fundamentales que orientan la aplicación contextualizada de la Revelación, que es el aporte perenne de Dios a la Historia dinámica de los hombres. Es la Exégesis la madre que pare a la Teología y a la Historia Eclesiástica, alma del mundo, como se dijera ya desde el período patrístico; si bien una y otra, teología e historia eclesiástica, no siempre fueron fieles a su madre; pero su misma infidelidad se mide desde la exégesis. La legitimidad necesariamente busca sus credenciales en el Documento Base, la impronta de la Huella Divina, las Sagradas Escrituras. La Exégesis, al procurar con espiritualidad, honestidad, ética, objetividad y ciencia, el sentido evidente del fenómeno textual, va edificando el edificio de la Teología Bíblica primeramente.
La Teología de la Torá, la Teología de los Primeros Nebiim, y la de los Postreros, la Teología de los Hagiógrafos o Ketubim, en sus partes, en sus conexiones y en su coherencia, edifica a la Teología Veterotestamentaria. Igualmente, la Teología Sinóptica, la Juanina, la Petrina, la Paulina, y demás, edifican la Teología propiamente y objetivamente Neotestamentaria en su respectivo contexto histórico. De la mutua coherencia y de la Suma, de su mutua validación, de las Teologías Vetero y Neotestamentarias, surge el edificio de la Teología no tan sólo Exegética, sino propiamente Bíblica. Herramienta legítima para tal Suma Exegética es la Hermenéutica. Y dentro de la Hermenéutica ocupa importante sitial de atención el examen de la hermenéutica propia de Jesucristo, y la hermenéutica propia e inspirada de sus apóstoles y demás escritores neotestamentarios. El desarrollo progresivo del Antiguo Testamento también revela una dinámica hermenéutica al interior del Antiguo Testamento mismo. La Exégesis del Antiguo Testamento y la del Nuevo, enriquecidos por su propia hermenéutica interior y sus interrelaciones, enriquecen la Exégesis Bíblica y dan también lugar al aprovechamiento selectivo de la documentación concomitante y de la intertestamentaria, las cuales, a la luz de la Exégesis y la Hermenéutica Bíblicas retroalimentan la consideración escriturística con clarificaciones mediante la patentización del contexto histórico.
La Teología Exegética y Bíblica, pues, es el resultado de la consideración espiritual, objetiva y científica del fenómeno textual en relación al contenido de su mensaje, sin los aderezos de la Teología meramente Natural, que sin considerar la Revelación Proposicional en los Textos de las Sagradas Escrituras, descubre a Dios en el testimonio divino mediante la sola naturaleza. Sin los aderezos tampoco de la teología especulativa que mediante meros argumentos de razón reconoce a la Divinidad y nuestra relación a ella. La teología exegética y bíblica, librándose, en lo metodológico, para ser objetiva, de tales aderezos, se ocupa de tomar el sentido evidente del texto en su concreción fenoménica, y a la luz de su contexto histórico. La exégesis, auxiliada por los asertos de la alta y baja crítica conservadora, es en este respecto la reina de las ciencias; pero vivificada por la mística espiritual de la experiencia confirmativa del creyente, enriquecida por los aportes de la teología natural y especulativa, por los de la historia y la metodología filosófica, etc., la Teología Bíblica da lugar a la Dogmática y a la Sistemática.
Del aporte divino descubierto por la Exégesis, enriquecido por la razón y la teología natural, se transparentan los grandes Principios de la Dogmática, que al edificarse coherentemente dan lugar a la Teología Sistemática. La edificación coherente de los Dogmas entre sí estrechamente relacionados, da lugar a la cosmovisión teológica sistemática. El proceso de Revelación, junto al de registro, clasificación, reconocimiento canónico, evolución de la hermenéutica y exégesis eclesiásticas, y aplicación de sus conclusiones, todo esto da lugar por su parte a la Teología Histórica. Y enfrentadas la teología exegética y bíblica, la dogmática, sistemática e histórica, a la resistencia de la cosmovisión no cristiana y pagana o secular y laica, se perfila entonces la respuesta de la Teología Apologética. La Exégesis Bíblica resulta, pues, la madre remota de los Principios de la Filosofía genuinamente Cristiana.
La Dogmática y la Sistemática son la elaboración propia de tales principios en el campo primeramente teológico. Y las teologías histórica y apologética que subsumen también a la natural y a la especulativa, resultan ser la configuración estratégica coyuntural de la aplicación de los principios en un determinado contexto histórico. La Facultad de Teología resulta ser, pues, también, la espina dorsal de la Universidad Cristiana.
Pero, puesto que tal Teología Integral responde por sí misma a los grandes interrogantes propios de la Filosofía por la realidad, el conocimiento, la conducta y la estética, etc., entonces se configura el contenido de la filosofía a la que la teología colma y supera. La Mística Escriturística Cristiana colma y supera a la teología en lo vital y no apenas meramente ortodoxo. Y así hace la teología con la filosofía a su vez. La filosofía elabora sus principios en base a las evidencias de la realidad, el conocimiento, la conducta y la estética, etc. Pero como la teología imprime sus hallazgos sobre la cosmovisión acerca de tales respectos, la filosofía no tiene derecho a deshacerse de las realidades de que se ocupa la teología por consideración de materia y objeto propio de aproximación.
La excusa del existencialismo agnóstico del tipo de Karl Jaspers en su obra «La Fe Filosófica frente a la Revelación», se muestra reduccionista por desconocimiento en base a prejuicios. También resulta válida la crítica a Jaspers de Helmut 0giermann en su ensayo «La alternativa filosofía o revelación, según Karl Jaspers» (Academia Teológica 1). La Teología y la Filosofía no se excluyen, pues nacen ambas del mismo campo de las evidencias que se imponen, que requieren ambas la participación de la percepción e intelección tanto del individuo como de la colectividad a veces colegiada e interdisciplinaria. La Ontología y Epistemología Cristianas justifican la Ética del Cristianismo, y ésta fundamenta su Filosofía del Derecho, la cual por su parte determina los cauces legítimos de su Economía y Política.
Las grandes realidades, Dios, alma y mundo, que se imponen a toda filosofía, son objeto de aproximación tanto teológica como filosófica. Debiéramos decir que son objeto de aproximación simplemente pero íntegramente humana; pero también han sido objeto de Revelación Divina. Puesto que Dios, alma y mundo constituyen el terreno común de la teología y la filosofía, ésta última no puede desligarse de la primera, ni tampoco pueden hacerlo sus elaboraciones dentro del Derecho, la Economía y Ia Política.
Cualquier filosofía pretendidamente laica, descansa realmente en un cierto tipo de cosmovisión religiosa subyacente muchas veces panteísta e incluso no es raro que lo sea luciferiana. Gran parte de la Ilustración, el Positivismo y los Existencialismos agnósticos y ateos, son el edificio conceptual que se levanta en base a la Religión Cabalística y Gnóstica de la Masonería. Históricamente son evidentes los vínculos de tales escuelas con el trasfondo masón. E igualmente es demostrable el vínculo masónico con las traslogias de la vertiente ofita, la religión de la serpiente. La rebelión luciferiana es el motor interno de la religión ofita, y ésta es la que suple el acomodo de nueva cosmovisión a las filosofías de trasfondo masónico, en las que el antropocentrismo relativista inspira la "legalización" indecente del hedonismo y del pragmatismo positivista antitrascendente. En Marx, por ejemplo, es el ateísmo el que inspira su crítica a la filosofía del derecho de Hegel. Asimismo es al hedonismo al que se rinde culto en la filosofía económica de Adam Smith y del Neoliberalismo, como bien lo ha denunciado la estirpe de la Escuela Larouchista. Es el epicureísmo y no el cristianismo la filosofía que subyace en el Liberalismo de Occidente.
Por su parte, en cambio, el principio bíblico económico y monetario del «Siclo del Santuario», el precio justo, la distribución equitativa de beneficios y cargas, la erradicación de la usura, la reforma agraria con distribución equitativa y gratuita de la tierra, edifican una economía basada en la teoría ética del valor; y no se trata aquí de una ética relativista, situacional y meramente pragmática, sino de una ética moral a la que se ha impuesto la Revelación Divina, cuyo testimonio se convierte en ley para los hombres. La filosofía Cristiana del Derecho, la Economía y la Política descansa pues en los Principios Éticos que ha revelado la Naturaleza Divina en su incursión histórica; según lo demuestra la exégesis bíblica vivificada por una mística de la experiencia del creyente.
La preponderancia cristiana de la ética por el derecho sobre la economía, obliga una política necesariamente intervencionista por parte del Estado, aunque moderada en razón de la misma ética. En el Cristianismo bíblico no está la economía al servicio de la política del hedonismo, como acontece con la manipulación plutocrática del Neoliberalismo, sino que la política está al servicio de la ética económica perenne nacida de la vivencia moral fruto de la exégesis de la Revelación, madre del Derecho Divino y guardiana del Derecho Natural inspirador del Derecho Civil, en lo substancial y en lo procesal.
La barca de los economistas, juzga el Cristianismo bíblico, está perdida en la pleamar del maremagnum de escuelas y tentativas fallidas, cuando no tienen su ancla ni su puerto en la Palabra de Dios al respecto. La política es, pues, en el Cristianismo bíblico solamente una de las herramientas de servicio, en sujeción a los principios macro-socio-económicos de un Derecho Trascendental informado por la ética revelacionista escritural, y garantizado por el Estado. El Cristianismo bíblico asume abiertamente en toda coyuntura su orientación teocrática, y el margen de liberalismo que incorpora es apenas la inspiración de las razones teocráticas mismas, que se relacionan a la dignidad y dignificación humanas.
No hay que temer a la orientación teocrática del Cristianismo bíblico, puesto que su conservadurismo incorpora el liberalismo necesario a la dignidad del hombre, y es esa misma dignidad que se fundamenta en Dios la que establece los márgenes éticos de su liberalismo relativo incorporado. Tales márgenes son la razón de ser del intervencionismo estatal. La orfandad de la pretendida ética secular es el talón de Aquiles que arrastra hacia la anarquía al ultraliberalismo, dándose la paradoja de una desembocadura dictatorial irracional hedonista donde el estratega liberal más fuerte se convierte en el beneficiario de la opresión encubierta.
La ética revelacional del Cristianismo bíblico, escriturística, en cambio no está huérfana; sí tiene Padre, y la calidad de la Paternidad es la garantía contra la dictadura. Así que el conservadurismo teocrático del Cristianismo bíblico incorpora el margen de liberalismo necesario a la dignidad humana; en cambio el ultraliberalismo incorpora la más despiadada de las dictaduras. Esta es la paradoja de las implicaciones de la orientación y estrategia políticas. Sólo Dios es garantía para el hombre. El hombre solo no es suficiente garantía para sí mismo. Esta percepción tiene el Cristianismo bíblico, la cual ilumina su filosofía del derecho, la economía y la política.
*
Voy a ir al frente a proclamar el Reino del Señor,
del León de la tribu de Judá que ha vencido para abrir el Libro
y reclamar Sus escogidos, y revelar todos los misterios del Amor del Salvador Jesús
escondidos desde antes de los siglos, por los cuales Dios nos brindó eterna redención
y un Nombre Nuevo: El Nombre de Él.
¡Glorias! ¡Glorias! ¡Aleluyas! al Santo Nombre del Señor Jesús.
El Cordero en el Trono coronado como el Hijo de David, el León
que rugirá cuando los truenos revelaren la Segunda Venida del Señor.
"Voy a ir al frente", opus 25, canción de Gino iafrancesco V.
"Perspectiva del hombre". Libro de Gino Iafrancesco V. Un opúsculo antropológico. El psicoanálisis, el existencialismo, el materialismo dialéctico, el evolucionismo, el esoterismo, etc., presentan una visión del hombre que en la persepectiva antropológica de éste opúsculo es encarada desde el teísmo cristiano. Se presenta esta obra a la consideración de todas aquellas personas de amplio criterio.
El texto completo de "Perspectiva del hombre" puede leerse en http://giv.zoomblog.com
EL HOMBRE TRAS SU SIGNIFICADO
¿Cuâ1 es la historia de su pregunta? ¿ Por qué pregunta? he aquí que nos hallamos preguntando. Sí, de pronto preguntamos. ¿ Hay alguno que no haya preguntado? creo que no hallaré ese testimonio de un hombre por ninguna parte. Ciencia, filosofía, religión, distintos nombres de un mismo producto: la llama de la existencia que labora Por un significado. Quiere hallarlo o fabricarlo, pero no puede acallar la atracción de su gravedad. La profundidad indaga. El hombre, con la profundidad en sus manos, con la profundidad en su alma, en el espíritu, mira desde el borde del abismo hacia arriba y hacia abajo; ¡y siente! No solo que se pregunta, sino que también siente. No siempre es dueño de lo que siente, pero lo siente. Y entonces habla; canta y se expresa; recibe y da. Helo allí, caminando por el sendero que bordea el abismo descubre que la realización total le llama. Y el caminante ye que también teme. Y, por qué teme? él no se inventa() el temor, pero lo descubrió. Por eso se aferran al delirio de la temeridad los iniciados en el sendero de la serpiente; he allí el vértigo de Nietzsche y el roedor de sus ditirambos dionisiacos. Se asombró el hombre porque existía; el camino le espera. Amargura corroe a Shopenhauer y absurdo a Sartre. Todos los que se deslizaron procuran acostumbrarse al abismo.
Y ¿cuál es la historia detrás de la pregunta humana? alguna historia verdadera habrá. Aunque la hayan olvidado, por aquí han pasado muchos y con muchas ocurrencias de respuesta. Pero la historia verdadera de la pregunta humana debe estar en algún lugar. No fue un sueño la historia ni fue un mito, aunque el mito ha sido su marido inseparable.
El mito y la historia navegan siempre en la misma embarcación. Jung ye siempre al hombre necesitando al mito; y es que su necesidad no es mito, y lo necesitado es real y el mito viene a suplantarlo. Mirad lo que pretende suplantar la "ciencia". ¿Quién fue anterior, la historia o el mito? no podemos decir que el mito, pues así el mito no seria más mito. Muchos mitos son versiones deformadas de una verdadera historia que en alguna parte tiene su versión. Resulta insensato despreciar con prejuicios el sentido del mito. Lo que debe más bien hacerse es escudriñar la genealogía del mito hasta su raíz, verificando el camino y la partida de sus desviaciones, y hallando el tronco original que nos llevará a lo que ya no es mito sino realidad histórica. Una historia verdadera es la raíz de la cual se desprendieron los mitos. Esa historia se conserva fiel en algún lugar. La documentación antigua más digna de confianza ha demostrado ser el conjunto de escrituras sagradas judeocristianas. El mito es la respuesta que se da un pueblo ante su condición. Tal condición tiene una historia real; por lo tanto el mito se desprendió de allí, aunque en el camino se halla degenerado. No todo es tan solo mito en los mitos, como tampoco todo es ciencia en las ciencias. Más bien diríamos que muchas hipótesis científicas son evidentemente también mitos, y cumplen el papel del mito entre sus adeptos. La fe en la ciencia Es la nueva mística de la mitología actual. La "ciencia" es el mito moderno.
Hay una realidad auténtica que sobrevé el correr genuino del hilo de la historia plena del hombre. Y hay también una engañosidad de facto que alimenta con intereses creados la interpretación del hecho real. Los hombres escogen poner su fe en uno u otro poder. Y si decimos que la historia es anterior al mito y que a ella se allegaron los mitos, ¿dónde está esa historia? ¿Dónde ese hilo confiable? la madeja de opiniones es abrumadora; pero ese hilo confiable de la realidad no ha dejado de pasar por aquí, pues la realidad es ella misma. La historia es verdadera en su realidad, y trascendente. Sus efectos son evidentes y presentes; no se trata de meros documentos desaparecibles como lo pretende el hermano mayor de la ficción Orwelliana. Las huellas de la historia se conservan aún entre la incertidumbre. Mirad como les buscan. Si la historia fue historia y no es sueño, el testimonio autentico de su "qué" nos acompaña. Poco importa si en la procesión le siguen y rodean los mitos, sean éstos científicos, filosóficos o religiosos. El hilo confiable del testimonio auténtico de la historia flota sobre las aguas de la corriente del río de la humanidad. Se estrujan entre si las aguas; se chocan y se mezclan las corrientes; pero allí van todas juntas a pesar de todo cargando con el peso de lo que en realidad ha sucedido y que tarde o temprano brotará. Las similitudes de la historia verdadera con los mitos son obvias y tienen su razón lógica de ser. Han de parecerse si provienen de un pasado común. El mismo mito confirma el detalle auténtico de la historia. El mito corresponde a la psicología de los pueblos, porque esta corresponde a su historia. Esa historia se remonta hasta el primero, tras sus huellas. Las huellas del primero son más historia que mito. El primero debe ser inevitablemente una realidad. Adán no puede faltar. Uno habría de ser el primero.
Interpretar el mito como mera transformación de la libido es a todas luces insuficiente. Ciertamente que el origen de la historia no fue la libido. Más bien diríamos que la propia libido tiene su historia. Después viajaron juntas; pero antes de ellas hubo un comienzo que se nos muestra sorprendentemente inteligente en su diseño. En ese comienzo se plasmó un poder. Obviamente que no es la libido, de existencia contingente, la que puede producir al Creador. Es el Creador el que dio curso a la libido. No son la mística ni la metafísica un mero símbolo sublimado de la libido. Más bien, es la libido un efecto, un reflejo y un símbolo del acontecer metafísico; un resultado evidente de una realidad trascendente. La correspondencia,
Pues, entre el mito y la libido debe interpretarse en sentido contrario al de sublimación. Los neofreudianos se han deslizado del Campo psicológico al epistemológico, cerrándose a la evidencia objetiva metafísica. Diluyeron para si mismos el contenido real del testimonio de la revelación histórica. La consideración parcializada de solamente la parte subjetiva del mito, ha llevado a algunos de sus estudiosos a una interpretación errónea de la conducta humana. El mito, considerado meramente como transformación y símbolo de la libido, divorcia al hombre de las realidades objetivas mismas que dispusieron la estructura dinámica. El mito y la libido se relacionan, pero la objetividad hace más factible que el mito contenga disfrazada la historia que explica a la libido, en vez de explicar la libido al mito suficientemente. El objeto libido demanda una historia objetiva y hela allí disfrazada de mitos que provienen de hechos ajenos a las meras representaciones de la libido misma. La libido es contingente y no se creó a sí misma. Tampoco existe evidencia científica de su evolución, a menos que se traguen crudas hipótesis superficiales e improbables. Examinad la erudición hermética y los hallaréis postrados ante los mismos demonios primitivos. Si fuésemos a emplear la terminología psicoanalítica que no aprobamos del todo, diríamos que la energía del superyo no es extraída Únicamente del ello. Pues el arquetipo y la estructura del superyo tienen su historia independiente mientras la libido demande un estructurador y una fuente original ontogénica y filogénica. La relación ello-yo- superyo no debe confundirse siempre con transformación libidinal o sublimación. Evidente es que la libido no es toda la realidad ni la Única naturaleza en las cosas evidentes que existen. El cuerpo no es el alma, y el alma no es Dios, aunque la estructura esté plenamente dispuesta para relación. No obstante, a pesar de la relación, la naturaleza de cada uno conserva una característica irreducible. El alma no puede ser reducida meramente al cuerpo aunque se relacionan. El hombre es una unidad integral, más polidimensional, que disfruta de diversas naturalezas. Tampoco Dios puede reducirse a un mero producto del alma. La perspectiva es justamente lo contrario: Dios explica al alma, y el alma explica al cuerpo; no al revés.
La psiquis no es independiente ni autosuficiente. Las necesidades del ello tienden un puente hacia realidades ajenas a su misma existencia. Igualmente el yo se abre a la relación sociable. El superyo se apoya en la realidad de lo que representa. La interrelación ello-yo-superyo no puede ser jamás un círculo dinámico aislado; ni la dinámica de su estructura es autosuficiente. A cada estadio corresponde una realidad externa a sí mismo. El concepto de sublimación es insuficiente. Existe si una utilización de la energía psíquica puesta al servicio de la comunión con la realidad externa; pero claro está que nunca tal realidad externa será una mera transformación de la energía psíquica puesta a su servicio en la comunicación. La comunión de la energía del sujeto con la energía del objeto complementario es la participación dentro de la realidad. La satisfacción de las necesidades innatas e instintivas, de autoconservación, placer, comunicación, reproducción, morales y religiosas, etc., solamente se realiza válidamente con el real objeto complementario de energía externa: alimento, sexo, amistad, Dios, etc. La mera representación de estas cosas hecha con la energía del sujeto no provee suficientemente para la necesidad real; necesidad tal que llega a ser el lenguaje del acoplamiento y acomodación de la estructura humana dentro de toda la realidad de su contexto.
El mito no es pues solamente un símbolo de la libido, sino una interpretación, errónea o no, de la realidad exterior e interior dentro de cuyo contexto la libido es apenas un elemento que también debe acoplarse y acomodarse; por eso su analogía a todo el proceso de la marcha de la realidad. La historia real, aparte de la libido, tiene su aporte abundante en la formación del mito. La libido participa en el mito por cuanto participa de la realidad. La correspondencia del mito con las necesidades de la libido se debe a la correspondencia de la urgencia de participación libidinal con la realidad verídica que el mito representa, erróneamente o no. Si el mito representa con mucho error la realidad, el hombre no quedará satisfecho. Los intentos científicos de interpretación son también místicos y buscan responder a la misma indagación subyacente. La verdadera historia, que podríamos llamar sobrenatural, de donde el mito derivó pervertido, satisfará esa necesidad humana. La comunión con el Dios verdadero encajará a plena satisfacción dentro del hombre, proveyéndole para su comunicación con la realidad total y su intelección, de la cual Dios es el eje. La revelación divina colocará al hombre en armonía con la plenitud de todas las cosas, pues Dios es la razón final real a quien todo finalmente presenta y en quien todo se reúne, y a cuya manifestación tiende la integración de toda la realidad. Queda hecha pues la realidad el efecto de la evidencia del Ser Divino en quien todo subsiste y de quien y para quien lo es todo. La salud es pues la conformidad al propósito eterno de
Solamente el objeto preciso complementario satisface realmente a cada necesidad. El objeto complementario final de plena satisfacción total es el Dios verdadero. La revelación, la redención y la disciplina divinas corregirán los pasos de la humanidad hacia su pleno sentido. He allí la razón de la historia. La simple energía del sujeto como realidad parcial, mitiga tan solo momentáneamente, con la mera representación de la realidad complementaria, al hambre de la ausencia; pero nunca satisface realmente su necesidad auténtica. La realidad objeto complementario "alimento", "sexo", "amor", "Dios" debe estar presente con toda su evidencia de ser, para lograr la definitiva satisfacción. Sonar que se come no satisface la necesidad auténtica; mera masturba6ón no llena el papel de copula perfecta y amorosa matrimonial; fría cortesía en vez de amistad sincera no satisface. Aparentación religiosa en lugar de verdadera comunión con Dios no satisface. Solo la evidencia misma del objeto complementario logra su propósito. Es por eso que la historia corre de desilusión en desilusión aprendiendo a encontrar su objeto complementario verdadero el cual es Dios mismo. No era religiosidad, ni economía, ni bienestar simplemente material. La actual pugna de Oriente y Occidente es un azote disciplinario para volvernos la mirada a la pureza de la revelación traída por el más singu- lar personaje de la historia humana: iJesucristo!
Al comienzo de la historia se plasmó pues un poder. Todas las cosas indefectíblemente traen el mismo sello. Y aquí estamos para interpretar el sello; todos y cada uno. De manera que al hallar la interpretación, el sello interpretado nos interprete a nosotros. Nosotros interpretados, será el significado. ¿Cómo interpretaremos el sello? ¿Quién nos lo interpretará? Aunque Protágoras, Parménides y otros hayan pensado diferente, el hombre no es la medida de todas las cosas. Aunque por sí mismo indaga, lo mucho que hace es acumular información. Su estructura de credulidad es asombrosa. Mirad cuántas cosas ha llegado a creer; tan variadas máscaras han vestido sus oráculos. Necesita creer. El hombre no es la medida de todas las cosas. Cuando quiere saber, siempre ha necesitado que le cuenten la historia. Y qué "historias" le han contado. Sin embargo y con todo eso, una historia trascendente ajena a su propia interpretación siempre le acompaña; el hilo confiable de la realidad trascendental.
La realidad suprema es el significado buscado y es la razón de la existencia. La realidad suprema no es la suficiencia del "si mismo"; sino que éste está relacionado con el dónde, el como, el por qué y el para qué.
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El "si mismo" no es la respuesta suficiente; de otra manera no se formularia la pregunta existencial, sino que se bastaría a si mismo; lo cual ha demostrado ser imposible, dada nuestra contingencia fundamental. Un reclamo vivo requiere una respuesta vivificante. Es obvio que el derecho de "para sí" que pretende la existencia es muy relativo. Derecho absoluto corresponde únicamente al diseñador de la estructura quien además es su sustento. La existencia humana no puede evitar sentir el abismo. La dinámica existencial de la psiquis requiere un sustento ajeno a sí. Las puertas de la perturbación psíquica se han abierto cuando se ha pretendido un apoyo autoexistencial independiente y encerrado en si. He allí el gran significado de la caída del Edén. La nostalgia es esa insatisfacción debida a lo incompleto del reposo de la existencia sobre si misma. El superhombre es una locura, un delirio maligno e infernal. Cuando lo hemos intentado hemos apenas hallado nuestra propia esclavizante enfermedad, depravación asquerosa. No podemos menos que confesar que en ese derrotero se nos ha escapado el equilibrio.
La energía psíquica existencial le ha sido prestada al hombre para que cumpla su servicio dentro de un contexto pleno que rebosa sus límites. Surgen conflictos en el contexto circunstancial por causa del alejamiento del eje unificante, abiertamente Dios. El hombre se desarrolla con una nostalgia acompañándole; pero el derramamiento de la revelación divina tiene la capacidad, ya puesta a prueba, de satisfacer de plenitud al ser. Hay pues una copula legítima para la existencia humana y es en su espíritu con Aquél que lo dio a luz. Es obviamente fraudulenta toda copula espiritual ajena al diseño del Estructurador. Por esta razón, aún el animismo y el espiritismo que pretenden tender hacia lo trascendente culminan en posesión demoníaca. El espíritu es el radar metafísico que indaga en el infinito y en el absoluto su objeto complementario definitivo. Y esta definición es la verdad que había de ser revelada. Dios hecho hombre en la historia humana.
La energía de la vida está diseñada por su Autor para realizarse cumpliendo sus servicios indirectos dentro de uno directo. Estos servicios están entrelazados entre si Como estructura dinámica. Esta energía es pues la vida que vive para la vida. La vida sirve a la vida y cada nivel o calidad de vida está destinado para servir a una vida superior hasta culminar todo en el servicio supremo al Autor de la vida quien es la vida en si misma, el gran Yo soy. Es así que la vida botánica se sirve de los minerales y sirve a su vez a la vida animal; ésta sirve al hombre y el hombre a Dios. Esto es lo natural, lo real. El servicio de la vida no es necesariamente una evolución, ni rígidamente hablando una conversión por sublimación. Pero la vida sí tiene su dignidad propia en su nivel natural. El mineral no necesariamente se convierte en vegetal, pero le sirve y cuando le sirve halla la dignidad y razón plena de su ser como mineral y allí culmina su servicio y sentido. El vegetal, aunque se sirve del mineral, no es un mero producto de éste, sino que posee su naturaleza propia según un propósito dádole también propio y distinto de aquel del mineral. El vegetal halla su dignidad y servicio a los pies del animal. No evoluciona en animal aunque a éste sirve. El animal recibe el servicio del vegetal desde una naturaleza que ya le es propia y distintiva de su nivel, recibida genéticamente conforme al diseño del Autor que le otorgó su estructura y función propias. Los dones inferiores no tienen facultades ni propiedades diseñadoras en su naturaleza innata para diseñar algo superior a sí mismos. El animal, pues, sirve al hombre pero no lo hace. Nada tiene el animal en su naturaleza para diseñar a un hombre, pero le sirve porque fue él mismo así diseñado. El hombre también se descubre diseñado para servir a
Podemos notar también dos aspectos de la historia: Uno, que hace de la historia un registro subjetivo. Otro, que trasciende al individuo y se remonta a las alturas objetivas como testigo y espectador imparcial. Estos dos aspectos de la historia afectan la continuación de ella, pues también la subjetividad y la objetividad son realidades que se afectan entre si. ¿Se hallará el hilo confiable en su coincidencia? ¿Será que pertenece al hombre o está al alcance de su mano la realidad exclusivamente objetiva que prescinde de la subjetividad humana?. El hombre es un sujeto y las cosas en sus manos toman el color de sus huellas. Además, la existencia subjetiva del hombre es también un objeto de la historia y un motor en ella. De allí que esa existencia objetiva de la subjetividad se abre paso para tomar al menos relativamente el derecho de participación, con lo cual se hace ineludiblemente responsable para desembocar en la justicia o en al culpa. Decimos también entonces que la realidad trascendental llamó al hombre subjetivo y real a participar. Y le confirió un derecho relativo. Hallamos entonces al hombre como realidad en medio de una realidad más amplia que sobrepuja en mucho los límites de su individualidad.
Esa relación del hombre con su contexto, y esa cibernética de la plenitud total de la realidad, establecen un punto de intercomunicación en el que hallamos la disposición de la estructura humana que nos ayudará a observar el significado antedicho de la existencia del hombre. Tal significado no se puede hallar sino en la relación del hombre con la realidad suprema.
Por otra parte, hallamos a la existencia humana como un hecho posterior al resto de la realidad objetiva. Hablamos de la existencia de la personalidad particular. Al hablar de realidad objetiva no nos estamos circunscribiendo meramente al finito, incierto y variable conocimiento subjetivo de los hombres particulares; sino que tomamos también en cuenta aquella realidad del más allá de nuestros pues no somos la medida de todo. Tal realidad del más allá, aunque desconocida, está sin embargo estrecha y necesariamente relacionada con lo que conocemos parcialmente; e influye sobre esto ineludiblemente, en virtud de la unidad de lo real.
De esta completa realidad objetiva emerge el hombre como resultado, y esto es precisamente lo que explica la razón de su pregunta. Pregunta porque no es el todo sino una parte. Tal naturaleza le hace, como decíamos, susceptible de credulidad. Necesita el hombre creer. Ante la realidad suprema necesita el hombre ser crédulo. Su fe puede caer en el vacío o descansar en el engaño; puede también enfocarse en el eje de revelación que hace brotar su evidencia desde el vértice de intelección total que solo puede hallarse en el Dueño y Estructurador absoluto. El hombre necesita pues ante la realidad suprema ser crédulo. Su yo subjetivo no puede ser la máxima seguridad pues no es una isla autoexistente. Sin fe nunca entrará el hombre en relación con el contexto y tendrá que regresar al absurdo de un "si mismo" que huye. El sentido coman tiene una de sus bases en la fe natural. El desarrollo de las evidencias rubrica la confiabilidad de la fe y del sentido común. El agnóstico se embota a si mismo extirpando la realidad de su fe natural. Se entrega a un ánimo pesimista de trasfondo moral. Desea esconder su culpabilidad en un escepticismo apresurado y hasta traído de los cabellos. Pero cuando se trata de sobrevivir para sus placeres entonces vuelve a ser crédulo. Los más escépticos y nihilistas están allí cargándose responsablemente a si mismos con el peso de la soledad de su propio existir autocondenado a incertidumbre, y lo sienten con un peso inevitable. Son, sienten que son, lo saben y hasta les molesta y angustia; pero aun así se resisten a abrirse e invocar el vértice de relación que ha dado testimonio de sí y del cual no aceptan voluntariamente verse suspendidos. Cuelgan también de allí, pero no quieren mirar hacia afuera; no quieren usar su fe natural. Pero ¿de quién escapan? resto de la realidad? ella les alcanzará. Es deshonesto pretender ignorar que no nos hicimos a nosotros mismos y que no somos únicos. La puerta de la locura dionisiaca está en ese derrotero. La estructura total rechina con dolor en protesta. Un miembro del cuerpo en posición anormal se duele porque su equilibrio se halla en la normalidad. Alegría gloriosa o náusea detectan si se está en enfermedad o en salud, en verdad o en ilusión. No le deis el crédito al engaño. ¿Podrá la mentira hacer feliz? La felicidad es el premio de la verdad, y el dolor la recompensa del error. El hombre llega al punto donde necesita desplegarse hacia afuera y fundirse en alianza de amor con el resto de la realidad que le rodea por dentro y por fuera. El hombre busca entonces el complemento pleno de toda su existencia. El complemento pleno de la existencia humana es la realidad suprema. Encajar en el seno de la realidad suprema es el significado buscado. Del hombre entonces, su existencia como ente de ser se lanza en pos de la plenitud ontológica de realización para hallar en ella su razón de existir. Se despliega de los limites del yo hacia un necesario "Tú". La razón de su existencia se hallará en
La existencia humana que es viviente busca necesariamente su complemento, la razón de su vivir, el principio que le vivificó. La problemática existencial implica un derrotero. La alternativa presentada es seguir tras la realidad suprema hallando su fuente Para beber de ella. En su defecto, quédale engañarse merodeando sin buscar, o acallando la protesta de la conciencia, haciendo pasar el tiempo, esperando la muerte y quizá con una váguida esperanza indescifrable; es decir, la tibieza. 0 en defecto de éstos, huir hacia si en el reino del absurdo. Otros directamente se suicidan; pero escaparán acaso? ¿Qué saben ellos de lo que les espera más allá? ¡Nada, no saben nada! aunque quisieran para siempre desaparecer. Anhelan creer que todo terminará, pero no pueden presentar a nadie, ni a si mismos, ninguna garantía. Netamente les queda tan solo un deseo irracional de no ser.
He allí el hombre con su existencia! el camino le espera. Realización total mediante su fusión con Dios en la realidad suprema; matrimonio de la existencia creada con el principio divino vivificante y absoluto. El hombre es amado de Dios. El significado se halla en la pertenencia al Dios verdadero que es personal, Sujeto Trascendente que pudo todo lo podido, por nosotros parcialmente encontrado; que supo todo lo que pudo y que está presente sustentando lo podido. Este Dios es uno solo y pleno, pasión en si de amor eterno, Dios Padre Creador revelado en amor por Su Verbo, que es Imagen de Su Hipóstasis y Resplandor de Su Gloria, Su Hijo, Igual y consubstancial; Pasión tal que es Espíritu, y Espíritu Santo. Dios es
Se lanzó el hombre a buscar el principio de las cosas, el principio de la energía, el principio de la materia, el principio de la vida, el principio del pensamiento y del hombre. Por si mismo, el "como" relativo y temporal acierta a escudriñar; pero ese principio definitivo lo debe creer de Aquel quien lo engendró. El significado de la existencia está definitivamente en Aquel que es esencia divina trascendente. El hombre tan solo encontrará el sentido de su ser más allá de si mismo; es a saber, en Dios. El hombre se halla frente al universo físico y metafísico. Su existencia viaja por los bordes del abismo. Dentro de su alma, en su espíritu, un lugar insondable para que allí more y se mueva poderoso y jubiloso el aliento eterno del Espíritu eterno que hinche toda plenitud; el Dios invisible, Creador y Sustentador del universo.
viva que requiere una respuesta vivificante. Vida eterna es el desafío.
Cuando el hombre se separa de Dios, el silencio divino abre un abismo en las entrañas del individuo, y el vacío carcome fatalmente. Es la muerte en el alma de que hablaba Sartre. La nada como agujero del ser, según m su lenguaje. La existencia siente el abismo. La existencia percibe, piensa y siente. En el espíritu percibe la presencia o la ausencia. Con la razón piensa el alma y con la emoción siente. Y el resto de toda su estructura integral está estrechamente relacionada. Según percibe piensa. Según piensa siente y según siente piensa. Es la dinámica del alma, envolviendo al espíritu, como existencia psíquica. Es la persona con un lugar insondable para conocer a Dios, para hallar el vértice de la realidad suprema, el sentido pleno de la razón de su percibir, pensar y sentir; el para qué de su razón y su emoción, su aprender espiritual y su conocer natural.
El Divino "Tú" vivificante y trascendente es la respuesta absoluta. Precisamente el caso de la confesión del apóstol Pedro: eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente". Sobre la rota del Hijo-Mesías revelado de parte del Padre y confesado por el hombre, Jesucristo prometió edificar Su Cuerpo místico; allí donde las puertas del hades no prevalecerán. La fe que es por la gracia cerró las fauces del abismo. El abismo no puede tragar a aquél que se ha fundido con ese Tu "trascendental". Ha roto el círculo del interrogante existencial y hallo el sentido de su percepción, razón y emoción; de su ser total. Ahora participa, en el espíritu, de la naturaleza divina y hereda como propio el universo. La síntesis de la realidad suprema se efectúa en un Dios personal trascendental vivificante que lo llena todo de sí y se comparte al individuo y al hombre corporativo que llega a constituir mediante la reconciliación en sí de los regenerados. Es en Dios en quien somos y nos movemos. Su revelación eterna ha proclamado: "Yo soy el que soy".
La existencia recibe su energía espiritual y psíquica con la que intuye, aprehende, tiene conciencia moral, piensa y siente, de una manera prestada y estructurada de manera que sirva a la comunión del contexto de todas las cosas y Dios. A esas energías se les asigna pues un derrotero y se le permite un derecho relativo. Con ese derecho relativo experimenta el sentimiento, el pensamiento y la realidad del albedrío, con el fin de que apunte voluntariamente todas sus fuerzas hacia la comunión suprema expresada en el mandamiento moral de amar a Dios sobre todas las cosas, con todas las fuerzas, la mente, el alma; y amar al prójimo como a si mismo. Por lo menos a esta segunda parte se avino en desembocar Erich From, para no salir totalmente deshecho. En Aquel mandamiento completo se ye la síntesis de la comunicación y de la ubicación de la existencia en el contexto de la realización total.
El derecho divino es absoluto, y su concesión de derecho relativo a la existencia humana tiene el propósito de la participación libre, el gozo supremo de la comunión perfecta en la vida divina hecha asequible al hombre. Tal jubilo inefable hinche toda plenitud rebosando el abismo interior hasta saturar a la existencia que le contiene cual vaso, y que ahora, a través del espíritu y por el canal de los pensamientos y sentimientos de la psiquis propia, experimenta el vínculo universal del amor inefable, expresándolo para ir haciéndolo visible, y hallar en él el ambiente normal de su existencia significativa.
El universo visible e invisible donde las existencias hallan su contexto, es entonces una manifestación vibrante del poder del Fiat divino. La energía inmanente en esa vibración responde al Dios personal vivificante y trascendente que suministra existencia de la nada a partir de si mismo por medio del Verbo que es atributo de su plenitud.
El conflicto contextual acontece, pues, cuando la existencia humana usurpa la energía prestada que le ha sido suministrada para servir en el contexto, y entonces pretende una posición independiente, haciéndose a sí misma el eje hacia el que apunta su vibrar existencial, haciendo del derecho relativo de su albedrío, un reino aparte. Pero sucede que al desconocer a Dios, el silencio divino de que hablábamos abre el abismo en el que se despeña la existencia humana, hacia el absurdo primero, y después al tormento del abismo. Si el Logos calla, el abismo carcome. Sí, el vacío comienza su carcoma y la existencia lo siente y se atormenta. Su así llamada libertad propia le condena al tormento. Tal existencia tratará entonces de aferrarse a si misma mientras se desvanece tratando de subsistir mediante sus energías usurpadas. También alargará la mano para asirse de otras existencias creadas y bailar con ellas la danza del delirio hasta la perdición; cuando se ahogue en su destemplado vibrar, mientras cae por los siglos de los siglos en un pozo inmundo sin fin, haciendo de sus artes un cada vez más rechinante y macabro lamento. Ved la antesala en la anarquía moderna. Esa nostalgia de Dios se acrecienta con tristeza mortal hasta el pánico y el terror, perturbando la psiquis que ahora apunta hacia el vacío y se hastía del absurdo en medio de remordimientos culpables, a coerced de toda pesadilla y sin protección alguna pues la rehusó cuando era tiempo de alcanzarla. Es pues injusto hurtar el caudal de energía. La razón se perturba y el pesimismo invade más allá de lo previsible. La ansiedad y la desesperación se hacen sentir rayando más allá de lo macabro. La vergüenza quita el Ultimo asidero de esperanza. Esto no es poesía. Muchos casos de muerte clínica revividos atestiguan cosa semejante; y experiencias alucinógenas y espíritas son un anticipo. El terror que experimenta el alienado no es un cuento. ¿Qué será de la perdición eterna? Tan solo hay salvación en el retorno oportuno a Dios mediante la expiación en Cristo Jesús. Cuídese el hombre de no volverse a un sustituto, pues otra mera creatura no bastaré. Para retornar se necesita creer en la gracia revelada históricamente en Jesucristo, y escoger la razonable fe y el arrepentimiento lógico.
Del monoteísmo original, como lo atestiguan entre otros Petrie, Langdon y Albright, los pueblos se degeneraron al politeísmo animista entregándose a otras creaturas, resultando posesos de entidades espirituales malignas. Cualquier religión no bastará. La filosofía existencialista y su correspondiente "teología" son también una actitud religiosa perversa; es la religión de la serpiente. El humanismo a ultranza es la misma actitud de Satanás; sustituyendo al Creador por la creatura. No es cuestión de una religión cualquiera, sino de auténtica amistad con el Altísimo Uno que se reveló como "Yo soy el que soy" declarado por Su Verbo que es el Hijo Unigénito hecho hombre y sujeto de la historia con el propósito de traer a esta la gracia condescendiente mediante la crucifixión, rubricando con la resurrección ante testigos de la más alta calidad moral que se expusieron a la muerte por sostener su testimonio. iJesucristo es el camino!
La esmeralda es la piedra a la que se asemeja el fulgor del arco iris alrededor del Trono de Dios (Ap.4:3); el arco iris significa la fidelidad de Dios a Su pacto, llevado a cabo por Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Por tanto, la esmeralda significa lealtad. El apóstol de Jesucristo llamado Andrés tiene su nombre escrito en esmeralda (Ap.21:14), mostrando la formación de la lealtad de Cristo en él. La esmeralda es también la piedra de la tribu de Judá en el Urim Tumim (Gn.29:35; Ex.18). Esta esmeralda en bruto representa la necesidad de ser formados a la imagen de Cristo.
Esmeralda, la piedra del arcoo iris del divino trono, del apóstol Andrés y de la tribu de Judá.
"Aforismos y Reflexiones". Libro de Gino Iafrancesco V. Contiene cuatro cuadernos filosóficos: (1) Testimonio esencialista, (2) La espada del querubín, (3) Hacia una psicología escatológica, (4) Silencios del humanismo.
Puede leerse su texto completo en: http://filosofiagiv.zoomblog.com
o en: http://giv.zoomblog.com
El texto de "Testimonio esencialista" también puede leerse en:
http://blog.iespana.es/ginetoib.eleazar
"Aforismos y Reflexiones",
libro de Gino Iafrancesco V.
"El Cordero y el Libro", opus 12, canción de Gino iafrancesco V., de tema escatológico.
"El Cordero y el Libro", opus 12, canción de Gino Iafrancesco V.
SÍNTESIS DE LA
ECONOMÍA DIVINA
El depósito de Dios
Para seguir el contexto de la economía de Dios, comenzaremos haciendo un rápido panorama con el fin de tener una síntesis o quintaesencia. Todo comienza con Dios, el cual es el origen de todo.
Pero El no es un Dios indefinido, sino un Dios que se ha revelado, el cual se agradó en habitar en Su Hijo Jesucristo plenamente. La plenitud de Dios el Padre mora en Su Hijo y se ha revelado a través de Su Hijo Jesucristo, y Dios se ha dado a conocer específicamente en Jesucristo. Luego, el Padre y Jesucristo enviaron el Espíritu Santo. El Espíritu Santo viene en el nombre de Jesucristo, el cual a su vez vino en el nombre del Padre. Todo lo que es del Padre y del Hijo, lo toma el Espíritu y lo da a la Iglesia. En consecuencia, el Espíritu Santo ha entregado un depósito a la Iglesia. Es lo que la Biblia llama el buen depósito, o el depósito de Dios.
Este depósito es todo lo que el Señor es, todo lo que el Señor ha hecho, todo lo que el Señor ha revelado a lo largo del período de la revelación proposicional de la Biblia. Este depósito de Dios es entregado a lo que la Biblia llama el ministerio. El ministerio es el depositario del depósito de Dios. El ministerio en general es el ministerio del Nuevo Pacto, el ministerio de la Palabra, o del Evangelio, el ministerio de la reconciliación, el ministerio de la justificación, o de la justicia, el ministerio del Espíritu. Ese ministerio no se refiere tan solamente al de alguna persona en particular, sino al ministerio de todo el Cuerpo de Cristo, el cual está representado en los ministros. Todo el Cuerpo de Cristo, todos los santos, tienen que trabajar en la obra del ministerio. Dentro del ministerio, el apostolado es el que lleva la responsabilidad de ser pionero. La Biblia dice:
"...primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan..." (1 Co. 12:28).
Cuando dice primeramente, significa que los pioneros para entregarles el depósito de Dios en el ministerio, son los apóstoles. La obra de los apóstoles está relacionada con eso. La obra es una palabra que usó el Espíritu Santo, cuando el presbiterio de la iglesia en Antioquía, profetas y maestros, estaban ministrando al Señor, dijo el Espíritu Santo dijo: "Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado" (Hechos 13:2). Notemos que Bernabé y Saulo ya eran ministros, ya eran profetas, ya eran maestros cuando estaban en la iglesia de la ciudad de Antioquía, estaban trabajando, y su apartamiento para la obra, no era para el ministerio, pues ellos ya estaban en el ministerio siendo profetas y maestros trabajando en la iglesia de Antioquía, y ya llevaban varios años. Pero fueron separados para la obra apostólica. Probablemente ellos ya habían estado ministrando algunos años a la iglesia en Antioquía cuando el Espíritu Santo dijo: "Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado".
Tal obra consistió en evangelizar en muchos lugares de todas aquellas regiones, discipular para el Señor a los evangelizados, fundar y establecer con ellos las respectivas iglesias de sus localidades, una por localidad, enseñándoles, instruyéndoles, poniendo en orden los asuntos, corrigiendo las deficiencias, reconociendo y nombrando los presbiterios en esas iglesias, y algunas veces inclusive corrigiendo a los ancianos que pecaban en las iglesias, y tratando dentro de la comunión apostólica los asuntos que surgían en la obra. Todo aquel trabajo fue llamado de la obra. Dentro de todo aquel trabajo de la obra, existe "la escuela de la obra", cuya función es entregar el Consejo de Dios. En Hechos 19:9,10, dice: " 9...y separó a los discípulos, discutiendo cada día en la escuela de uno llamado Tiranno.
10Así continuó por espacio de dos años...". De ahí viene la palabra escuela. Esto aconteció en la ciudad de Efeso; Pablo transmitiendo todo el consejo de Dios. Tal trabajo fue llamado por Pablo en Mileto, delante de los ancianos de la iglesia de Efeso, como el anuncio de todo el Consejo de Dios, cuando en Hechos 20:27, les dice: "Porque no he rehuido anunciaros todo el consejo de Dios". Es de este concepto bíblico de donde sacamos la expresión la escuela de la obra. De la obra porque fue dentro de la obra apostólica que el apóstol hizo uso de la escuela Pablo permaneció dos años allí enseñando, dialogando, transmitiendo y anunciando todo el consejo de Dios. El consejo de Dios, es la visión general de la economía divina, del evangelio del Reino.
El depósito de Dios y el ministerio
Notemos que el ministerio no consistía simplemente en anunciar un pequeño mensaje aquí y otro allá, sino todo el consejo de Dios. El apostolado es comisionado con la economía divina. Pablo hablaba que la economía divina le había sido encomendada. Todo el consejo de Dios, es el propósito de la escuela de la obra. Pero la escuela de la obra en sí misma no es el objetivo final. Ella trabaja para que el consejo de Dios sea trasmitido a las iglesias de las localidades. Los apóstoles no fundaron denominaciones, ni trabajaron denominacionalmente, sino que fundaron una iglesia por localidad, sujeta a Cristo como cabeza, inclusiva de todos los hijos de Dios, y abierta a la comunión del Cuerpo de Cristo. El Espíritu Santo no permitió a los apóstoles establecer sucursales denominacionales de su propia misión, sino trabajar en función del Cuerpo de Cristo, edificando la iglesia en cada localidad dentro de la comunión universal en Cristo Jesús.
Ellos no fundaron cada uno su misión. No encontramos en la Biblia una misión de Pablo, y otra de Apolos, y otra de Cefas; y cuando los creyentes en Corinto quisieron dividirse en misiones y denominaciones, el Espíritu no se los permitía. ¿Cómo van a decir ustedes: yo soy de Pablo, yo soy de Apolos, yo soy de Cefas? No, ellos trabajaban para el Cuerpo. En Corinto los hermanos querían dividirse según la misión de los diversos líderes, unos de Pablo, otros de Apolos, otros de Cefas, otros pretendiendo únicamente ellos ser de Cristo, en actitud exclusiva, entonces el Espíritu Santo inspiró a Pablo a escribirles y corregir tal situación. Tal corrección del Espíritu en las Escrituras sigue siendo válida hasta hoy. Los apóstoles trabajaron para el Cuerpo. Tal Cuerpo se manifiesta en candeleros, los cuales son las iglesias de las localidades. Un candelero por localidad o municipio, según el Apocalipsis y todo el resto del Nuevo Testamento. El trabajo de la obra es en función de las iglesias locales para que estas sean establecidas y edificadas. Mas también las iglesias locales tienen su respectiva función. Ellas no deben vivir bajo la improvisación. Ellas deben comprender para qué fueron plantadas por Dios en cada localidad. Ellas deben saber en función de qué existen. Ellas existen en función de la economía divina, es decir, el programa de Dios que desarrolla el propósito eterno de Dios. Eso es lo que se llama la economía divina. Las iglesias locales existen para contener y expresar a Dios, desplazando al enemigo. En ellas debe desarrollarse el programa de Dios que busca cumplir el propósito eterno del Altísimo.
Dios tiene un objetivo, un propósito eterno. Para desarrollarlo, El ha hecho un programa administrativo. La Iglesia es el vehículo de Dios que desarrolla el programa divino. Las iglesias son edificadas para llevar adelante el programa de Dios, que cumple el propósito de Dios, y que consiste en la economía de Dios. La economía divina se relaciona al misterio de Dios que estaba escondido, pero que ahora han sido manifestado a la Iglesia. Hemos visto que los misterios como un desmenuce o desglose de todo lo que tiene que ver con la economía divina.
La economía divina se relaciona a todo el programa del plan eterno de Dios. Se relaciona con Dios mismo y con Su pueblo, aun los israelitas y las naciones tienen un lugar en el programa de Dios. Pero precisamos de un resumen, de una quintaesencia de la cosmovisión, una síntesis, una idea básica que nos permita resumir en qué consiste la economía divina y sus principales elementos, de modo a conducirnos según Dios; pues hemos leído todos esos pasajes, hemos visto en forma panorámica todas las cosas y misterios de que consta, pero necesitamos de una síntesis que nos permita ver en qué consiste todo eso; luego ver los elementos principales de esa síntesis, que son los que van a justificar el plan orgánico de la Escuela de la Obra.
La quintaesencia
¿Cómo podríamos hacer una declaración sintética de aquello en lo que consiste la economía de Dios? De la forma más simple y resumida, ¿en qué consiste la economía de Dios? Podríamos decir que la economía de Dios consiste en el Dios trino (Padre, Hijo y Espíritu Santo), dispensándose o administrándose o entregándose a sí mismo al hombre tripartito (espíritu, alma y cuerpo) y corporativo, para ser contenido y expresado corporativamente, habiendo tratado con Su enemigo. Dios el Padre revelado a través del Hijo. El Hijo, portando al Padre, habiéndose encarnado, vivido, muerto, habiendo sido sepultado, habiendo resucitado, ascendido, sido glorificado, estando intercediendo, habiendo derramado Su Espíritu, el cual tiene lo del Hijo, que tiene lo del Padre, lo que El es en esencia, lo que Dios ha hecho, y lo que ha dispensado al hombre. Dios en Cristo se dispensa, por una parte, al hombre individual, a cada persona creyente en Jesucristo, en su espíritu, en su alma, en su cuerpo, regenerando, renovando y glorificando. Mas no solamente a cada uno individualmente, sino haciendo también de todos los creyentes en Jesucristo, nacidos del Espíritu, un solo Cuerpo, un solo y nuevo hombre corporativo.
Este Dios completo, en naturaleza y economía, lo que en El es comunicable, y lo que El hizo a través del darse por medio del Espíritu, que toma todo lo que es y ha hecho para cada uno de los creyentes, formando un solo Cuerpo, este Dios completo, pues, se contiene y se expresa en ese Cuerpo y desde ese Cuerpo trata con su enemigo, aplicando a la Iglesia la victoria de Cristo. Primero trató en Cristo con Su enemigo. Y ahora a través del Espíritu por la Iglesia. Todo ese programa de Dios no es tan sólo temporal, sino que tiene una culminación, una expresión completa. Después de este intento de declaración mínima y sintética, veamos ahora algunos de los principales elementos aquí percibidos. El primer elemento es Dios. En la consideración del Dios trino ya tenemos el contenido de por lo menos tres importantes materias en pauta, o aun cuatro en un plan orgánico:
La Teología Propia, o propiamente dicha, que se ocupa de manera particular de Dios mismo, considerando lo que Dios es según su propia revelación.
Por su parte, la Divina Teleología se ocupa de los objetivos de Dios, del propósito eterno de Dios, de Su beneplácito, de Su voluntad, del designio de Su voluntad, de Su presciencia o conocimiento anticipado, de Su predestinación, de Su consejo determinado, de Su ordenación, de Su preparación de antemano.
La Cristología tiene que ver con quién es el Hijo de Dios, cómo es divino, cómo es humano, en qué consistió la kenósis (χηνσις) o despojamiento, la encarnación, la concepción virginal y el nacimiento, el vivir humano suyo, la cruz, la obra de la cruz, la resurrección, la ascensión, la intercesión sacerdotal, el señorío, Su retorno, etcétera.
Porque el dispensarse de Dios es principalmente por amor eterno de Dios; El Padre amando, queriendo, conociendo, dirigiendo, determinando, escogiendo, predestinando, etcétera. Entonces, el Hijo viniendo a hacer la voluntad del Padre, encarnándose, santificándose, muriendo propiciatoriamente, resucitando, etcétera.
La Pneumatología, por su parte, trata del Espíritu Santo.
Y entonces viene a continuación en esta consideración de los elementos incluídos en la economía divina, la Soteriología, que trata todo lo relativo a la salvación. Del griego soter [Σοτερ], salvador, y sotería [Σοτερ?α], salvación. Es el dispensarse de Dios; es todo el proceso de salvación, tanto la obra objetiva del Señor como la aplicación de esa obra completa; cómo de aplica esa obra al hombre tripartito.
La Antropología trata del hombre tripartito, otro importante elemento de la economía divina. ¿Quién es el hombre? ¿Para qué fue creado? ¿Cómo fue creado? ¿De qué partes se compone? ¿Cómo funcionan su espíritu, su alma, y su cuerpo? ¿Cómo afectó el pecado a cada una de éstas tres partes del hombre? ¿Cómo opera la salvación en el espíritu, en el alma y en el cuerpo? Todo esto a nivel individual y a nivel general.
La Hamartiología (del griego hamartía [?μαρτ?α], pecado) trata del mal y del pecado. Tiene sus raíces en la Satanología y la Demonología. La hamartiología trata de aquello que enfrenta la soteriología.
Entonces, con la salvación corporativa se llega a la Eclesiología. ¿Cuál es el lugar de la Iglesia en el plan eterno de Dios? ¿Cuál es la naturaleza de la Iglesia? La eclesiología trata, pues, de todo lo relativo a la Iglesia, su tipología, profecía, aspectos, gobierno, vida práctica, historia, etcétera.
Pero la Iglesia no es el asunto final. Después viene el aspecto milenial del Reino y luego la Nueva Jerusalén y todo tipo de culminación. Todo el desarrollo histórico y el sentido profético de la Biblia tiene una consumación: la economía del cumplimiento de los tiempos. Y de eso trata la Escatología.
Vemos entonces que todas las materias de la Teología Sistemática están involucradas en el desenvolvimiento de esta pequeña síntesis. Al considerar la declaración acerca del Dios Trino dispensándose al hombre tripartito y corporativo para contenerse y expresarse corporativamente habiendo tratado con Su enemigo, encontramos allí a la Teología, la Teleología, la Cosmología (que trata de la creación), la Angelología, la Satanología, la Demonología, la Antropología, la Hamartiología, la Cristología, la Pneumatología, la Soteriología, la Eclesiología, la Escatología. De manera que la Teología Sistemática debe servir para al desenvolvimiento de la Sístesis de la Economía Divina. Todas estas materias no deben ser consideradas sueltas, sino en función de la economía divina. Nunca se debe perder de vista la línea central. Todas estas materias simplemente profundizan en los elementos coherentes de la única economía divina.
El primer elemento a profundizar en esta síntesis es el Dios Trino, pues lo esencial y fundamental es Dios mismo. Lo que Dios ha querido es manifestarse El mismo, darse a conocer y hacer contener Su gloria expresa. En la consideración de este principal asunto tenemos que ver lo que Dios ha revelado acerca de Sí mismo, de Su ser, de Sus atributos, de la razón profunda de Su Nombre y nombres, Sus objetivos, y entonces los pasos que ha realizado. ¿Quién es El para sí mismo? ¿Qué ha hecho en función de nosotros? Es decir, ¿qué es la Trinidad esencialmente? y ¿cómo ha operado económicamente en la administración de Dios? Estamos viendo ahora el simple panorama, la introducción. Deben ser administrados los misterios de Dios. Lo que ya hemos recibido de Dios, lo que hemos oído, lo que ya hemos digerido, tenemos que administrarlo, trabajarlo y ponerlo a funcionar, pero a la vez tenemos que seguir alimentándonos.
El Señor se dispensa en función del matrimonio
El segundo elemento en esta síntesis, después del Dios Trino, es el importante concepto de dispensar. La palabra dispensación es muy grande y significativa. Dispensarse significa administrarse a sí mismo de una cierta manera, tomar de sí mismo y entregarse, y lo que Dios ha hecho a través de Su amor eterno y Su propósito, a través de Su revelación, encarnación, la muerte de Cristo, la resurrección, el derramamiento del Espíritu. Todo eso fue hecho a nuestro favor y para Sí mismo. Un matrimonio. Para ese matrimonio el Verbo de Dios se encarnó, vivió, murió, resucitó, ascendió a los cielos, intercede, gobierna, envió al Espíritu, va a volver. Todo eso es el dispensarse de Dios. El Espíritu enviado y derramado tiene que hacer muchas cosas, entre ellas, importantes son, regenerar, renovar, transformar, configurar, glorificar, todo por medio de Sí mismo en nombre del Hijo y del Padre.
Como resultado de este dispensarse de Dios al hombre tripartito, resulta la Iglesia. Tenemos que entender que la Iglesia no es simplemente una organización, ni una denominación, sino un organismo vivo, vivificado por este dispensarse de Dios; y por eso aparece como un candelero en cada población. Todo esto está relacionado con el Misterio de las Siete Estrellas y los Siete Candeleros de Oro, lo cual a su vez es una expresión bíblica del Misterio de Cristo: la Iglesia. Necesitamos de todo el misterio de Dios consumado, de la Iglesia, del Reino, de la Jerusalén de Dios, de la consumación final.
La Escatología y la Eclesiología, en la economía divina, provienen de la Teología, la Teleología, la Antropología y la Soteriología mediante la Cristología y la Pneumatología. El hombre tripartito y corporativo es, pues, el objetivo de este gran dispensarse de Dios en amor, por Cristo y el Espíritu, en función del matrimonio místico.
Todo el carácter y la obra del Padre se ha revelado a través de Jesucristo. Y todo lo que el Padre ha revelado y hecho a través de Jesucristo, es entregado por el Espíritu. Así que el Espíritu es el que contiene todo lo necesario, todas las bendiciones espirituales en Cristo Jesús, para que los escogidos de Dios en Cristo antes de la fundación del mundo, puedan alcanzar el propósito de Dios. Como está escrito en Efesios 1:3,4: "3Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, 4según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor...". O sea que Dios puso en Cristo todas las bendiciones necesarias para que los escogidos puedan alcanzar el propósito de Dios. El propósito de Dios es la propia expresión gloriosa y amorosa de Dios. Lo que Dios quiere es expresarse y darse plenamente. Expresarse dándose. Pero esa manifestación tiene sus etapas.
Después de la creación, primeramente Dios se reveló un poco a través de los profetas. En Hebreos 1:1-2 dice: "Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo". O sea, que el Padre se ha ido revelando poco a poco, progresivamente, en el Antiguo Testamento, hasta completar Su revelación en Cristo. Ahora el Hijo ha hecho también un trabajo. El Hijo, el Verbo de Dios, se despojó a sí mismo, y como hombre se santificó por nosotros. El dijo: "...y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad" (Juan 17:19). Quiere decir, que para que los escogidos puedan alcanzar lo que Dios ha propuesto, era necesario que el Hijo lo alcance primero como hombre. Dios debía obtener en Cristo como primicia los que Él quiere obtener del hombre. El Señor Jesucristo llegó a ser el hombre que Dios quería.
Ahora Dios toma para nosotros a Su Hijo Jesucristo mediante Su despojamiento (kenosis, [χ?νοσις]), concepción y encarnación, nacimiento y vivir humano, en función de nosotros, santificándose por nosotros para el Padre, consiguiendo en Sí mismo un hombre perfecto para perfeccionarnos. Dios toma este Hombre perfecto en el cual está plenamente contenido y expresado, y lo entrega, por el Espíritu, para que se forme en nosotros, habiéndonos perdonado y limpiado por la sangre de Su muerte en la cruz. Así, pues, que el Espíritu toma lo que es del Padre y del Hijo y comienza a ministrarlo y repartirlo entre nosotros.
La materia que trata de lo que el Espíritu Santo es y hace, es, pues, la Pneumatología. Todo lo que el Padre trabajó primeramente en uno solo, en Su Hijo Jesucristo, el Espíritu tiene que reproducirlo en un Cuerpo místico. Este es el orden que aparece en la Biblia. Cristo, las primicias. Luego, los que son de Cristo en Su venida. Entonces el fin, cuando el Hijo entregue el Reino a Su Padre para que Él sea todo en todos (1 Corintios 15:23-28). Estos versos demoran siglos aún en desarrollarse.
Hay un orden el cual comienza con Cristo cual las primicias. Dios se revela, se contiene, se expresa y trata con su enemigo, primeramente a través de un solo hombre, el Primogénito, Su propio Hijo Jesucristo, para que en todo tenga la preeminencia. Tal es el contenido de la Cristología. Mas Dios quiere que su Hijo Jesucristo sea "el primogénito entre muchos hermanos" (Ro. 8:29). También en Hebreos 2:10-18 dice: "10Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos. 11Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos. Por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, 12diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre. 18Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados".
Dios quiere que Su Hijo místicamente "se case". Dios quiso hacerle bodas a Su Hijo. Dios quiso darle a Su Hijo una esposa, la cual es la Iglesia. A tal Cabeza quiso darle un Cuerpo. Dios quiere que Su Hijo tenga la preeminencia, y para eso creó el universo para que Su Hijo sea el heredero; y a este heredero le dio coherederos, la Iglesia, la esposa. Cristo, las primicias. Luego los que son de Cristo en Su venida. Los que son de Cristo son la Iglesia. Primeramente la salvación, y entonces la maduración de la Iglesia hasta ser manifestada con Él en gloria, hecha semejante a Cristo poco a poco desde ahora hasta que Él venga.
Misterio de Dios, Cristo; misterio de Cristo, la Iglesia
Primeramente fue Cristo solo. Cristo, las primicias. Este Cristo, quien es el Señor Jesús, murió, resucitó, ascendió, envió del Padre Su Espíritu, se incorporó en la Iglesia, y la purifica, la santifica, la regenera, la renueva, la transforma, la configura a Su propia imagen y la glorifica. Dijo Pablo a los Colosenses 3:4: "Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria". Entonces puede verse la segunda parte del misterio.
La primera parte es el misterio de Dios: Cristo. La segunda parte es el misterio de Cristo, la Iglesia. Esto se corresponde con la declaración bíblica: "Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida" (1 Co. 15:23). La expresión "los que son de Cristo", abarca todo la historia de la Iglesia. Cuando Cristo viniere, culmina la segunda etapa de la manifestación de la gloria de Dios, con la manifestación gloriosa en la segunda venida de Cristo. Primeramente Dios es invisible. Juan escribió que "a Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer" (Jn. 1:18).
Cristo, las primicias. Jesús dio a entender a Pedro que como el Padre le reveló quién era Jesús, ahora Él le diría quién era Pedro. Tú eres una piedra de un edificio, eres de mi Cuerpo. Es como si le dijera, Yo mismo me multiplico; Yo soy un grano de trigo, pero la vida de este grano de trigo se va a multiplicar en muchos granos de trigo semejantes. De aquel que era uno van a haber muchos. Yo soy, puede decir Jesús, el Primogénito y ustedes son los hermanos del primogénito. Yo soy el esposo y ustedes son la esposa. Yo soy el heredero y ustedes son los coherederos. Yo soy la cabeza, y ustedes son el Cuerpo". Todo esto es: Cristo las primicias, luego los que son de Cristo en Su venida.
1 Corintios 15:24 continúa: "...luego el fin,...". Mas también este fin tiene varias partes, pues está escrito: "...cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia". En esta última expresión del verso vemos lo relativo al enemigo. Dios en Cristo por el Espíritu conteniéndose y expresándose en la Iglesia, habiendo tratado definitivamente con Su enemigo, y alcanzando la culminación gloriosa de la Nueva Jerusalén. He aquí la síntesis de la economía Divina. Primeramente Cristo venció El mismo la muerte gracias al Padre; pero ahora, por el Espíritu, entrega Su victoria a la Iglesia. El Espíritu toma lo que es de Cristo para nosotros.
Y así como Cristo nació de Dios por el Espíritu, así también nosotros hubimos de nacer otra vez, ahora por el Espíritu de Cristo, ya no de carne ni sangre, sino de Dios. Y así como Cristo creció en estatura, en gracia y sabiduría, habiéndose santificado por nosotros, y habiendo vencido las pruebas por nosotros y para la gloria del Padre, y habiendo sido perfeccionado hasta la medida de un Varón perfecto, así también nosotros tenemos que crecer en Cristo, viviendo por y en Su virtud.
Tenemos que madurar en Cristo, viviendo en unión con El hasta ser configurados a Su propia semejanza. De tal manera Cristo tiene que ser contenido y expresado en el Iglesia, tal como el Padre es contenido y expresado en Cristo. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo. El Cristo de Dios es corporativo (1 Corintios 12:12). La Cabeza es Jesucristo y el Cuerpo es la Iglesia. Primeramente Dios se reveló en Cristo, pero ahora Cristo se contiene y se revela o se expresa por el Espíritu en la Iglesia, según Su Palabra, las Sagradas Escrituras.
La Iglesia está gestando el Reino futuro
Pero el asunto no termina en la Iglesia, pues también dice la Escritura: "Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios" (Romanos 8:20-21). Así que después de la obra del Señor con la Iglesia, viene la manifestación gloriosa del Reino. Por eso es que después del período de la Iglesia, Dios juzga a los que no querían que El reinase. Entonces se manifestará el Reino con aquellos que fueron facultados para juzgar mil años. Luego Cristo entrega este Reino al Padre. El tiene que someter al Padre todas las cosas. El Padre hace todo para el Hijo, y el Hijo hace todo para el Padre.
El Padre dio al Hijo una esposa y el Hijo se presenta a Sí mismo tal esposa gloriosa, mas también la devuelve al Padre en sujeción, con toda la creación, para que Dios sea todo en todos, habiendo juzgado al enemigo. Entonces el fin incluye el Reino. Cristo las primicias, luego los que son de Cristo, en su venida, entonces el fin. El período de la Iglesia es como la gestación del Reino. El Reino de los cielos tiene una parte en la Iglesia y otra parte en el Milenio. Y entonces, cuando entregue el Reino al Dios y Padre, será para que Dios lo sea todo en todos. Dios contenido y expresado corporativamente, no solamente durante el período de la Iglesia, ni solamente durante el milenio, sino también en la Nueva Jerusalén, la cual aparece conteniendo la gloria de Dios. En la Nueva Jerusalén vemos la gloria y la plenitud de Dios contenida y expresada en su consumación final. Dios incorporado en las criaturas, los hijos, el pueblo de Dios. La gloria de Dios transparentada a través de la nueva creación. Por eso la Nueva Jerusalén es diáfana y cristalina, pues por ella pasa sin distorsión la gloria de Dios participada.
Jesús dijo: "La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno" (Jn. 17:22). Primero están el Padre, con el Hijo y el Espíritu Santo, Dios solo en unidad, pero Dios quiso integrar Su creación a esta felicidad. "Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree..." (Gé. 1:26a). Luego que el hombre cayó, Dios manifestó Su determinación de redimirlo, y aun de recompensarlo por las obras hechas en la gracia de la redención en Cristo. Y determinó Dios conseguir Su propósito. En el fin vemos a Dios plenamente expresado, habiendo tratado con Sus enemigos, con toda rebelión, con todo aquello que Dios reprueba en el universo. En el fin tenemos todas las cosas reunidas en Cristo, en la economía del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos como las que están en la tierra.
Tenemos que ver, pues, el gran programa de Dios en síntesis, para
después hacer el desglose de los elementos de esa síntesis. La síntesis es necesaria, para no perdernos durante la consideración de los detalles. Es la síntesis la que permite colocar en su lugar y aprovechar los detalles. La síntesis es la visión de la línea maestra del plan de Dios. Es la panorámica. Dios está incorporándose. Jesús lo simbolizó como una vid. "Yo soy la vid verdadera". Es como una vida a la cual comienza a salirle ramas y a extenderse por la tierra. Cuando vemos la Nueva Jerusalén, en ella está el trono, y bajo la autoridad de Dios está el fluir de Dios, el río de Su Espíritu, que es aguas de vida fluyendo a través de aquellos que se someten a la autoridad de Dios.
Si no nos sometemos a la autoridad de Dios, no tenemos el fluir de Dios, pues el fluir de Dios viene de debajo del Trono de Dios. Tenemos que someternos a la autoridad de Dios, estar debajo del Trono de Dios, para recibir el fluir de Dios.
A lado y lado del río de Dios está el árbol de la vida, el cual es uno solo, pero a lado y lado del río, porque es una vid que desciende con el río desde el trono de Dios para dar vida a la ciudad de Dios, que es la esposa. Tenemos allí al Padre revelado en Su naturaleza divina, en el oro de la Jerusalén Celestial. Tenemos al Hijo revelado en la vid verdadera, que es el árbol de la vida, con toda la Iglesia, la cual es las ramas de la vid, llenando toda la Jerusalén de Dios. Vemos allí la incorporación y manifestación de la gloria de Dios. El Espíritu es el río de Dios descendiendo por en medio de la calle de la ciudad de Dios, la cual es el camino, que es Cristo, que nos trae a Dios y nos alimenta de El, y también nos aproxima a Él y nos introduce en El. La calle va descendiendo desde la cima del monte de Dios, cuya anchura, longitud y altitud son similares. Es Dios dispensándose a sí mismo en vida, luz y gloria, incorporado y manifestado a través del Cordero-Lumbrera y de Su esposa hecha transparente, diáfana y cristalina, de tal manera que al verla, se ve a través de ella la misma gloria de Dios. En Apocalipsis 4 se presenta el Señor como una piedra de jaspe. Pero en Apocalipsis 21 y 22 es la Nueva Jerusalén la que aparece como una piedra de jaspe. La gloria de Dios que estaba oculta solamente en El, y que el Padre compartía con el Hijo en el Espíritu, Dios quiso revelarla corporativamente, puesto que Él es trino, e incorporar a esta íntima comunión divina Su nueva creación.
Ciertamente que hubo rebelión en la creación, pero a su debido tiempo trató con ella. Por eso en el fin de Apocalipsis ya no hay más maldición. Allí vemos a Dios plenamente revelado, incorporado, contenido, expresado, habiendo tratado con Sus enemigos. Vemos allí la máxima consumación de la manifestación eterna de la gloria de Dios. El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, para ser el vaso corporativo que contiene a Dios. El hombre como género. Por eso la corporatividad. El canal por el cual Dios se expresa. Esto llega a acontecer primero con la Iglesia en Cristo, y tras Él, entonces, el resto de la creación será libertada de la esclavitud de corrupción, con gloriosa libertad de los Hijos de Dios (Romanos 8:21). El enemigo es entonces totalmente vencido y juzgado y el poder de Dios hecho notorio. Cristo las primicias, luego los que son de Cristo en Su venida.
Luego el fin, cuando entregue el Reino al Dios y Padre, para que Dios sea todo en todos. Entonces, pues, la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción para participar de la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Esta es, pues, la voz de la Iglesia desde la Palabra Santa.
ARGUMENTOS TEOLÓGICOS, EPISTEMOLOGÍA, ÉTICA Y EXISTENCIA
"Argumentos teológicos, epistemología, ética y existencia". Libro de Gino Iafrancesco V., en 9 capítulos. Un ensayo de filosofía teísta con elementos teológicos e históricos que busca el reconocimiento del argumento teológico revelacional, enriquecido por una teología mística integrante, como campo legítimo de la epistemología, y como elemento válido de juicio ante la responsabilidad ética de la existencia.
Puede leerse el texto completo en http://filosofiagiv.zoomblog.com
"Argumentos teológicos, epistemología, ética y existencia" de Gino Iafrancesco V. Ensayo de filosofía teísta
"Prolegómenos": Breve panorámica de prolegómenos a la teología. Libro de Gino Iafrancesco V., de 12 capítulos acerca de la introducción preliminar a los distintos aspectos de la teología y sus principales representantes: general, natural, especial, bibliológica, exegética, bíblica, dogmática, sistemática, histórica, apologética, mística, moral, especulativa, política, etc.
"Prolegómenos", libro de Gino Iafrancesco V. con introducción preliminar a la teología
DEL VERBO DE DIOS
"La Encarnación del Verbo de Dios", enseñanza de octubre 16 de 1992, a la iglesia en la localidad de Teusaquillo, Santafé de Bogotá D.C., Colombia, América del Sur.
"La Encarnación del Verbo de Dios", constituye el excursus I del capítulo 10 del libro Introducción a la Teología General. La presente es la segunda edición independiente de este capítulo. Ciudad Bolívar, julio 8 de 2002.
Los derechos son del autor. Se permite la reproducción total y la distribución gratuita del presente documento, con la única condición de citar enteramente la fuente a fin de corroborar y preservar la integridad del texto. Sin tal citación el autor no puede hacerse responsable por el nuevo texto.
Algunos errores cristológicos
Este apéndice hace parte de las enseñanzas de la serie llamada "Edificando a la Iglesia", y fue precedido por un largo pasaje sobre el contenido de la Iglesia, en donde vimos que Dios ha dado un depósito a la Iglesia, el cual consta de varias áreas básicas y algunas verdades fundamentales que son propias de la Iglesia, entre ellas la Trinidad y la encarnación del Verbo de Dios. Habíamos tratado lo relacionado con el Verbo de Dios, pero no de Su encarnación. Por tanto vamos a considerar dos pasajes claves relativos a la encarnación del Verbo de Dios; se trata de dos grandes verdades, grandes dogmas de la Iglesia cristiana, nacidos de la Palabra de Dios: La Trinidad, la existencia de un solo Dios en tres Personas, y la encarnación de esa segunda Persona, el Verbo de Dios. Esos dos pasajes relativos a la encarnación los encontramos en el capítulo 1 del Evangelio según San Juan, y en el capítulo 2 de Filipenses.
"1En el principio era el Verbo (nos recuerda la preexistencia del Verbo antes de todas las cosas), y el Verbo era con Dios (nos recuerda la coexistencia de la persona del Hijo con el Padre antes de la fundación del mundo), y el Verbo era Dios (nos recuerda la divinidad del Hijo de Dios). 3Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. 14Y aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad" (Juan 1:1,3,14).
La primera consideración que debemos tener en cuenta por causa de los errores cristológicos que se han dado en la historia de la Iglesia, es aquel Verbo; es decir, el Hijo de Dios que estaba con el Padre desde antes de la fundación del mundo, por medio de quien el Padre creó todas las cosas y para quien las creó, como lo dice en otros pasajes: "Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros"; teniendo en cuenta que lo que aquí se traduce «habitó», en el original griego es «tabernaculizó», utilizando el verbo que nos recuerda la figura del tabernáculo. En el tabernáculo aparecía el arca del madera de acacia y de oro, señalando la naturaleza humana en la madera y la divina en el oro que recubre el arca.
Es necesario detenernos en el primer pasaje. No dice que el Verbo descendió sobre una carne, sino que El fue hecho carne. Esto es muy importante entenderlo cristológicamente porque la confesión del Espíritu Santo se distingue de la confesión del espíritu del anticristo acerca de Cristo; es decir, lo que cada espíritu confiese acerca de Jesucristo; lo delata. San Juan dice en su primera epístola 4:1-3a:
"1Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. 2En esto conoced el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; 3y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo".
También hemos leído en la misma epístola de Juan 5:6a que: "Este es Jesucristo, que vino mediante agua y sangre; no mediante agua solamente, sino mediante agua y sangre". ¿Por qué esas declaraciones tan misteriosas de que Jesucristo no vino sólo mediante agua, sino mediante agua y sangre? ¿Por qué esos misterios? Porque dice que el Espíritu de Dios confiesa que Jesucristo ha venido en carne, y aquí dice San Juan en el prólogo del evangelio, "Y aquel Verbo fue hecho carne". Lo que está declarando Juan allí no es una cosa liviana; está haciendo la confesión propia del Espíritu de Dios acerca de esta gran verdad de la encarnación del Verbo divino; entonces cuando dice que no vino sólo mediante agua, es porque algunos herejes, entre ellos Cerinto y otros gnósticos, decían que el Logos o Verbo había entrado en un hombre; es decir que allá en el bautismo, cuando vino el Espíritu Santo en forma de paloma, fue cuando el Verbo entró en un hombre.
Eso nos dice que estaban considerando a este hombre, Jesús, como un hombre al cual visitó el Verbo, y después el Verbo lo volvió a dejar en la cruz cuando dijo: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?"; entonces están negando que esa persona del Señor Jesús es divina y humana, y la están tomando solamente como humana; por eso esa frase tan sencilla que solemos leer rápido y que suena muy bonita, y que a veces no la discernimos, "el Verbo fue hecho carne", significa que la persona divina preexistente del Hijo, que estaba con el Padre antes de la fundación del mundo, consustancial, de su misma esencia, porque el Verbo era con Dios y era Dios, y aquel Verbo se hizo carne. No dice que descendió sobre una carne, sino que El mismo se hizo; es decir, El asumió la naturaleza humana desde el vientre de la virgen María; la misma persona del Verbo que era y es el Hijo de Dios, llegó a hacerse el Hijo del Hombre, una misma persona con dos naturalezas, la naturaleza divina en cuanto Verbo de Dios, y la naturaleza humana en cuanto se hizo carne; no son dos personas, una Logos y otra el hombre. Decían que sobre El descendió el Logos; y no es que el Logos descendió sobre un hombre, sino que "el Logos se hizo carne", "semejante a los hombres", como dice Filipenses 2:7.
De lo contrario estaríamos dividiendo al Logos uno y al hombre otro. Es como si se tratara de dos personas. Ese es el error cristológico del nestorianismo, que se llamó así porque lo enseñó en la historia de la Iglesia un hombre que se llamó Nestorio, y él enseñaba que Jesús no había sido sino solamente un hombre; que el que nació de la virgen María era solamente un hombre, y que a ese hombre se unió voluntariamente el Logos de Dios; es decir, que el Logos o el Verbo es una persona, y el hombre sobre el que entró es otra persona. De manera que no está confesando que Jesús es el Cristo, sino que Jesús es uno y el Cristo es otro; pero San Juan en el capítulo 2 de su segunda epístola, se refiere a esto mismo, diciendo que precisamente el espíritu del anticristo es el que no confiesa que Jesús es el Cristo.
Falsos cristos
"¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo" (1Juan 2:22).
¿Quién es el mentiroso? El que niega que Jesús es el Cristo; es decir, que hay personas que usan el concepto Cristo por un lado y el concepto Jesús por el otro, sin identificar a Jesús como el Cristo; esto es lo característico de los falsos cristos. El Señor me ha permitido conocer la doctrina de algunos falsos cristos que se dicen así mismo cristos, como por ejemplo los de Abdu-Bahá, de la fe Bahai, o de Baha-Bulá; o William Soto Santiago, que dice ser la segunda venida de Cristo; a Julio Alvarado, de Bolivia, que dice ser el Cristo; a Majertal, de Holanda, que dice ser el Cristo; a Laurey, de la India, que era adorado como Nishu-Khrisna, quien también decía ser el Cristo. Estos personajes tenían en común un detalle: que ellos hablan del Cristo como el Logos aparte de Jesús, pretendiendo ser cada uno de ellos el mismo Cristo que estuvo en Jesús, afirmando que se trata del mismo Cristo que había estado antes en Buda, en Krisna, en Rama, después en Rama-Krisna, y el mismo que ahora pretenden que está en fulano de tal, y que no era otro sino que era el mismo; o sea que ellos separan el Cristo de Jesús y ponen ese Cristo, una vez en Buda, otra vez en Jesús, otra vez en otro personaje, y ahora en un falso Cristo. De esta forma ellos separan a Jesús del Cristo.
Pero la Biblia dice: "¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo?"; es decir, que Jesús es el nombre personal del Verbo de Dios encarnado, Cristo es su posición, es el Ungido, es el Mesías; es decir Cristo es el título propio de la persona de Jesucristo, pero no es otro. El Cristo es Jesús, Jesús es el Cristo, Jesucristo es una sola persona divina-humana; divina en cuanto al Verbo, y humana en cuanto ese Verbo se encarnó; es decir, asumió naturaleza humana. Cuando la Palabra dice que "el Verbo se hizo carne", está afirmando no que descendió sobre una carne, sino que El mismo fue hecho carne; es decir, que su misma persona divina asumió una naturaleza adicional pero no una persona adicional. La persona es El mismo en cuanto a persona.
Antes de la creación era el Verbo, en la creación era el Verbo; en la eternidad antes de la creación era el Verbo, y desde que comenzó a encarnarse en el vientre de la virgen María continuó siendo la misma persona, el mismo Verbo, solamente que ahora estaba asumiendo, además de su naturaleza divina, la naturaleza humana, pero en su misma persona. Aquel Verbo fue el que se hizo carne; aquel Verbo es la persona de este hombre llamado Jesús; el Verbo de Dios se hizo hombre, entonces Jesús es el Cristo. No que el Verbo sea uno, y Jesús otro; no es que el hombre sea una persona y la divinidad otra persona. La persona divina se hizo humana y es una persona divino-humana. Una sola persona con dos naturalezas: divina en cuanto Verbo, y humana en cuanto se encarnó.
La kenosis de Cristo
Es posible que si uno considera solamente la encarnación a la luz del capítulo I del evangelio de Juan, se podría cometer un error; es por eso que no solamente en ese capítulo se habla en las Escrituras de la encarnación, sino también en el capítulo 2 de Filipenses. Leamos en Filipenses 2:5-7 para ver en qué sentido debemos tomar la palabra "carne" que aparece en Juan 1:14.
"Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres".
La frase "el cual siendo en forma de Dios", significa que el Verbo era con Dios y el Verbo era Dios, como lo afirma Juan. La Palabra "se despojó a sí mismo", en el griego es "ekenosen", de donde viene otra palabra que se usa en teología, la kenosis de Cristo; es el despojamiento o anonadamiento a que se sometió el Señor por su propia voluntad, de acuerdo con el Padre, a fin de someterse a una condición de inferioridad. Al despojarse a Sí mismo y tomar forma de siervo, se trata de Cristo Jesús; es la misma persona con forma de siervo. Detengámonos aquí un poco antes de entrar en lo relativo a la cruz y a la resurrección, lo cual requiere una consideración mayor.
Por el momento veamos solamente los pasajes relativos a la encarnación.
El versículo 7 dice: "Se despojó a sí mismo"; eso es precisamente lo que se llama la "kenosis"; o sea que Él estaba en una condición de gloria pero se sometió a una condición de humillación. Él estaba en forma de Dios y tomó forma de siervo; es decir, si tomó forma de siervo es porque no lo era; tuvo que tomar forma de siervo. El debe ser el servido, no el siervo. Eso significa que la kenosis consistió por una parte, en tomar forma de siervo, en despojarse; pero fijémonos en un detalle: no dice que se despojó de sí mismo, de su propia persona, de su propia identidad, sino a sí mismo; es decir se humilló a sí mismo. No que Él mereciera ser humillado, sin embargo acepta tomar forma de siervo sin ser siervo, y aceptó ser humillado, aceptó ser obediente y estar en condición de hombre, habiendo estado en condición de Dios. En Filipenses dice: "hecho semejante a los hombres; y estando en condición de hombre, se humilló"; entonces si leemos solamente la declaración de Juan podríamos pensar que lo único que el Verbo asumió de la humanidad sería el cuerpo debido a que la palabra carne es un término que se usa con varios significados; algún día el Señor nos permita considerar los distintos sentidos bíblicos de la palabra carne. De manera que si uno toma esa palabra sólo en el sentido del cuerpo, de que el Verbo solamente se puso un cuerpo, pero que no tenía ni alma ni espíritu humano (porque la palabra carne en griego es sarx), cuando dice: "el Verbo se hizo carne", si uno la toma en un sentido literalista, sin relacionarlo con Filipenses 2, entonces, ¿qué sucedería? pensaríamos que el Verbo divino sólo se puso un cuerpo humano, pero que el alma no era humana, como tampoco el espíritu; eso significaría que realmente no sería un hombre, sino sólo un cuerpo; y es por eso que el pasaje de la encarnación de Juan 1 se complementa con el pasaje de Filipenses 2. Es importante aclarar que la carta a los Filipenses fue escrita antes del evangelio de Juan, ya que ese evangelio fue escrito después de la muerte de Pablo.
En Filipenses 2:7 dice: "Se despojó a sí mismo". Miremos la prueba de que se despojó a sí mismo. Recordemos que en el evangelio de Juan, el Señor oraba diciendo: "Padre, glorificame tú para contigo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese" (Juan 17:5). La palabra tuve indica que El estaba antes en una condición de gloria y eso nos da a entender más o menos en qué consistió la kenosis, o sea el despojamiento o anonadamiento a que El se sometió; tomó forma de siervo. Tenía esa gloria pero ahora en vez de recibir gloria es humillado. Estaba en forma de Dios y tomó forma de siervo; estaba en condición de Dios y tomó condición de hombre.
Si entendemos ese fenómeno de kenosis aunque sea superficialmente, vamos a percibir algo interesante, vamos a entender el por qué en algunas ocasiones, aunque el Señor es Dios, habla como si fuera menor. Si no hubiera habido kenosis no habría razón para que Jesús mismo dijera, "porque el Padre es mayor que yo". Notemos que aquí en Filipenses dice que "siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse"; y eso significa que El es igual a Dios en cuanto Verbo, porque dice que el Verbo es Dios; y si el Verbo es Dios no puede ser menor que Dios, en cuanto Verbo, o en Su divinidad. Notemos que como El se despojó a sí mismo, entonces en Su humillación, en Su encarnación, en Su forma de siervo, en Su condición de hombre, podía decir una cosa:
"El Padre es mayor que yo; yo nada hago por mí mismo sino lo que veo hacer al Padre". El Padre es la cabeza y el Hijo está sujeto a la cabeza. Dios es la cabeza de Cristo; es decir, El tomó la forma de siervo; no la tenía pero la tomó.
La inferioridad, la subordinación que aparece en algunos pasajes es por causa de la kenosis del Hijo; no es inferioridad del Hijo respecto a la divinidad del Padre, porque no hay sino una sola divinidad. Si Dios es Dios y el Verbo es Dios, la divinidad del Verbo es igual a la del Padre, de lo contrario no sería divinidad; pero cuando El se subordina al Padre es porque tomó forma de siervo haciendo a Dios el Padre Su Cabeza.
¿Qué implica la kenosis? El despojamiento tomando forma de criatura; por eso se llama el Primogénito de la creación, pues toma forma de criatura, y como criatura fue tentado, porque como Dios El no puede ser tentado. Entonces entendamos un poco lo relativo a la encarnación. Estando en la condición de hombre se humilló; es decir, todavía más, porque no sólo se despojó a Sí mismo siendo Dios, sino que tomando la naturaleza humana, no se hizo hombre potentado, sino que se hizo siervo, el más humilde; se humilló.
La parte clave es el versículo 7: “hecho semejante a los hombres”. ¿Qué quiere decir eso? Que el Verbo de Dios no solamente asumió el cuerpo humano, sino toda la naturaleza humana, de lo contrario El no sería hombre. Si El no hubiera sido un hombre como nosotros, no habría podido redimirnos porque era necesario que Él desarrollara en Su humanidad las posibilidades de la humanidad en Dios, para luego compartirse con nosotros para que nosotros lo asimilemos y seamos realizados en Él; pero Él tenía que hacerse hombre semejante a nosotros. Por eso dice la Biblia claramente que se hizo carne, no sólo en el sentido de cuerpo, sino que dice: “fue hecho semejante a los hombres”; o sea que el Señor Jesús, que es la persona divina del Verbo de Dios que estaba con Dios el Padre antes de la fundación del mundo, ese Verbo se hizo carne, pero carne semejante a los hombres; es decir, Él no solamente tuvo cuerpo humano, sino también alma humana y espíritu humano; o sea que la persona divina asumió la naturaleza humana con todos sus íntegros componentes, propiedades y operaciones. Por eso Él decía: “mi alma está muy triste hasta la muerte”. O sea que Él tenía también alma humana, no sólo cuerpo humano. “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, significando que Cristo tenía también espíritu humano. Si El no tuviera espíritu, alma y cuerpo humanos, no sería un hombre como nosotros. Él en todo es semejante a nosotros excepto en el pecado, porque el pecado no es propio de la naturaleza humana, sino que fue algo a lo que se vendió Adán y Eva. En las tentaciones sí es semejante a nosotros, por cuanto la Biblia dice que El aprendió la obediencia por lo que padeció, que fue tentado en todo, conforme nosotros somos tentados.
“14Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, 15y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. 16Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. 17Por lo cual debía ser (debía, de lo contrario no habría podido salvarnos) en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. 18Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados” (Hebreos 2:14-18).
Eso indica que El sabía lo que estaba haciendo, y por eso el diablo no quiere confesar que Jesucristo vino en carne para anular toda la obra de Satanás.
“Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (Hebreos 4:15).
“7Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. 8Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; 9y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (Hebreos 5:7-9).
Notemos que de la frase: “aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia, y habiendo sido perfeccionado”, esas palabras no se pueden decir de Dios, pues de Dios no se puede decir que es perfeccionado, o de que aprende, o que tiene temor, que es liberado, pero cuando se hizo hombre tuvo que crecer, como dice el evangelio de Lucas, en estatura, en sabiduría, en gracia delante de Dios y de los hombres; tuvo que aprender la obediencia por lo que padeció, tuvo que ser perfeccionado; es decir, que Él asumió la naturaleza humana y por eso el Mesías no apareció así glorioso la primera vez (excepto en la transfiguración). En la segunda sí porque ya hizo lo necesario.
La primera vez El hubiera podido aparecer como quería la gente. Ellos estaban esperando un mesías que se apareciera con poder y echara a los romanos al fondo del mar; que apareciera en la plaza y dijera: Yo soy el Mesías, y miren el poder que tengo. Pero de haber hecho eso, hubiera puesto muy alegres a los judíos, pero no nos hubiera podido salvar. Él tenía que ser engendrado, concebido, gestado, ser niño, crecer, aprender, crecer en estatura, en gracia y sabiduría, ser sometido a la tentación, estar treinta años ahí trabajando en la carpintería. La naturaleza humana antes no era caída, sino que Adán fue tentado, y aceptado el mal, llegó a ser caído. Ahora Jesucristo tomó la naturaleza humana, pero al revés de Adán que permitió que el pecado entrara. El Señor Jesús no permitió que el pecado entrara, e hizo lo contrario de Adán; Él asumió la naturaleza humana, pero no permitió que el pecado entrara. Adán recibió la naturaleza humana pero permitió que el pecado entrara en él; es decir, que la condición de la naturaleza antes de la caída no era sometida al pecado; entonces esa la tomó Cristo pero no la sometió al pecado. Él vino en carne pero sin pecado. Dice Romanos 8:3, que vino “en semejanza de carne de pecado”; es decir, que el Señor asumió el mismo tipo de carne que luego se vendió al pecado, pero esta vez El no permitió que el pecado entrara en Su carne; entonces condenó el pecado en la carne, y por eso es muy importante la cuestión de la encarnación.
Cuando la Biblia dice que “fue tentado en todo”, nos indica que Él fue un verdadero hombre igual que nosotros, pero que Él no aceptó la tentación. Adán fue tentado y cayó; Él también fue tentado, pero no cayó. El Señor Jesús fue tentado por cuanto Él era un hombre con espíritu, con alma y con cuerpo. Él habla de Su cuerpo cuando dice:
“un espíritu no tiene carne ni huesos, como veis que yo tengo” (Lucas 24:39); respecto del alma dice: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (Mateo 26:38); respecto del espíritu dice: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas 23:46). Vemos claramente que la persona del Verbo asumió la naturaleza humana íntegramente y se sometió a la primigenia inocencia y libertad; para eso fue que El se sometió. Estos dos pasajes de Juan y Filipenses que hemos venido analizando son muy importantes y fundamentales.
Por esa razón el diablo admite confesar que el Señor Jesús es el Hijo de Dios, pero no que vino en carne. ¿Por que? Porque fue en la carne que Satanás fue vencido, porque Cristo se hizo hombre, porque se sometió, porque el diablo lo llevó y le dijo: Mira, mira acá; y le dejaba por un rato y luego venía constantemente con todo tipo de tentaciones; sin embargo Él no pecó, Él fue fiel. ¿Para qué hacía el Señor Jesús eso? Para nosotros. Dios quiere al hombre con espíritu, alma y cuerpo; Dios no quiere sólo el espíritu del hombre, ni sólo el alma, ni sólo el cuerpo. Dios dijo: “hagamos al hombre a nuestra imagen”; lo hizo espíritu, alma y cuerpo, y el hombre cayó íntegramente, y Dios lo quiere recuperar íntegramente, y para eso Él se hizo íntegramente humano y recuperó en su condición, la condición humana; restauró al hombre en su persona, pero luego hizo algo más, incluso algo más que Adán, porque lo que no había hecho Adán era comer del árbol de la vida, y lo que hizo Cristo fue vivir la vida de Dios. Él pasó a ser la vida del Verbo encarnado, porque antes sólo era del Verbo, y ahora era del Verbo encarnado. De manera que ahora la gloria del Verbo llegó a ser de nuevo del Verbo, pero encarnado; es decir, la humanidad en el Verbo fue glorificada, y por eso la humanidad fue glorificada en la resurrección, ascensión y entronización de Cristo. Él es el Hijo del Hombre, y por eso la Biblia dice que nosotros ya estamos glorificados, porque nuestra humanidad asumida por Cristo fue glorificada en Él, y ahora Él es nuestra vida.
Por eso nos alimentamos de Él, y por eso Él mismo dice: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero” (Juan 6:54); porque nosotros asimilamos de lo que nos alimentamos y eso llega a ser parte nuestra. Todo lo que hizo el Señor lo hizo por nosotros. El mismo dijo: “Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad” (Juan 17:19). Sí, todo el vivir humano del Señor, todo su desarrollo humano, era para llevar a la humanidad, a nosotros, a la estatura del varón perfecto; y ahora nosotros nos alimentamos de Él, vivimos por Él, lo asimilamos a Él, para ser redimidos otra vez a la imagen perfecta de Dios.
La encarnación del Verbo es la gran verdad de la Iglesia; eso es lo más grande, y siendo tan fundamental hay que ponerle mucha atención. La Iglesia tiene ésto como uno de los contenidos centrales de la verdad. El Verbo se hizo carne, no solamente cuerpo, sino naturaleza humana completa.
“37Vosotros sabéis lo que se divulgó por toda Judea, comenzando desde Galilea, después del bautismo que predicó Juan: 38cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hechos 10:37-38).
Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret; es decir, que Jesús es presentado aquí también ungido por el Espíritu Santo. Notemos que el Verbo, en cuanto Dios es la segunda persona de la Trinidad, que estaba con el Padre antes de la fundación del mundo, siendo Dios juntamente con Él; y aquel Verbo se hizo carne, semejante a los hombres, y estuvo en condición de hombre asumiendo ahora la naturaleza humana, y además de la divina teniendo también la humana. Una misma persona que se llama Jesús y es el Cristo, con dos naturalezas: la divina en cuanto Verbo, por la que es igual al Padre, y la humana por cuanto se encarnó y se hizo hombre semejante a los hombres, en condición de hombre, por la cual es menor que el Padre; y por eso es que Él a veces dice que “el Padre es mayor que yo”; por eso es que los a sí mismos llamados testigos de Jehová se aferran de los versículos donde Él habla como hombre en Su kenosis, en Su despojamiento, para pretender negar Su divinidad, y no comprenden que lo que pasó fue que aquel Verbo se despojó a sí mismo, no de Su divinidad, sino de Su condición. Él sigue siendo siempre la misma persona, pero la condición humana ya no es lo mismo que la divina. La forma de siervo es una y la forma de Dios es otra; entonces, Él no se despojó de sí mismo, sino a sí mismo. Esto no quiere decir que Él desapareció como Dios y ya no es Dios; ¡no! Él siempre es Dios; por eso les dice a ellos: “antes que Abraham fuese, yo soy” (Juan 8:58).
Entonces el Verbo no se despojó en el sentido de que dejó de ser Dios, sino que siendo igual a Dios, no lo estimó como cosa a que aferrarse; no se aferró a esa condición, sino que estando en forma de Dios, tomó forma de siervo. Eso es un despojamiento de aquella gloria que tenía con el Padre; cuando hablaba esas palabras Él estaba en humillación, y por eso le dijo: “Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Juan 17:5). Él fue hecho menor que los ángeles. En Hebreos dice ”menor que los ángeles”; eso fue un despojamiento: concebido como hombre, tentado como hombre, se hizo menor que el Padre, como hombre se subordinó, como hombre Él no sabía algunas cosas, tenía que depender de Dios para que se las quisiera revelar, y es por eso que dice (refiriéndose a la segunda venida): “Pero de aquel día y de la hora nadie sabe, ni aun los ángeles que están en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre” (Marcos 13:32); pero se dirá, cómo, ¿acaso el Hijo no es Dios? Sí, pero Él está hablando en su kenosis, en Su despojamiento, en Su condición humana.
Entonces hay que verlo en los dos aspectos: Él es Dios y Él es hombre. A veces actúa como Dios, a veces actúa como hombre; pero Él es Dios perfecto y hombre perfecto. Dos naturalezas en una misma persona. El Verbo encarnado que asumió la naturaleza humana, ahora como hombre; como Verbo divino asumió la naturaleza humana, con espíritu humano, alma humana, cuerpo humano, tentaciones humanas, pero sin pecado; también ungido por el Espíritu Santo, o sea, como ese varón. El Espíritu Santo de Dios ungió el espíritu humano de Jesús de Nazaret, que es el Cristo y que es el mismo Verbo de Dios que vino encarnado.
PANORÁMICA DE CRISTO COMO CENTRALIDAD / aspecto objetivo
CRISTO
COMO CENTRALIDAD
"Panorámica de Cristo como Centralidad": (Aspecto Objetivo y Aspecto Subjetivo), es la enseñanza del autor los días 10 y 17 de Agosto de 1996, en la escuela de la obra cristiana, sede de la localidad de Tunjuelito, Santafé de Bogotá D.C., Colombia, América del Sur. Transcripción de Angela Fernández de Blanco. Grabación y digitación en sistemas de Marlene Alzamora de Troncoso.
"Panorámica de Cristo como Centralidad", constituye los capítulos 3 y 4 de la serie titulada: "Tres Centralidades Concéntricas". La presente es la quinta edición de estos capítulos.
Los derechos son del autor. Se permite la reproducción total y la distribución gratuita del presente documento, con la única condición de citar enteramente la fuente a fin de corroborar y preservar la integridad del texto. Sin tal citación el autor no puede hacerse responsable por el nuevo texto.
ASPECTO OBJETIVO
Cuando comenzamos esta serie aquí en Tunjuelito, mencionamos tres asuntos que son centrales. Estuvimos viendo como el pueblo, el campamento del Señor, tenía que mudarse, tenía que avanzar. Y al avanzar no podía hacerlo de cualquier manera; Dios había establecido un orden; Dios había establecido una manera de cómo había que desmontarse el tabernáculo y había que trasladarlo y había que seguir avanzando y cómo había un orden de los asuntos. Todo eso es una tipología; todo eso son capítulos que no están de balde en la Biblia; y la intención de Dios no era que terminaran cuando sucedían apenas de manera tipológica con Israel; Dios, a esa tipología la estableció pensando en nosotros también; y es para nosotros que esas cuestiones deben tener bastante sentido y bastante significado.
Entonces veíamos que lo primero que el Señor establecía que se trasladara con determinados cuidados era el arca; siempre el precursor, el que abre la brecha, digamos, la prioridad, quien lleva adelante todo el avance del pueblo del Señor: es Cristo; y por eso está representado por el arca; el arca es lo primero que tiene que avanzar; todo lo demás sigue al arca; el arca está señalada de una manera especial, mostrando la preeminencia; todo avance legítimo y verdadero en el pueblo del Señor está íntimamente relacionado con Cristo. No hay ningún avance aparte de Cristo; los verdaderos avances son en el conocimiento de Cristo; en la medida en que conozcamos mejor al Señor, en la medida que el Señor se forme en nosotros, es como realmente avanzamos; no hay ningún traslado del campamento para una etapa más avanzada que no esté íntimamente relacionado con Cristo; siempre estaremos reviendo y rumiando (para usar las palabras del mismo Antiguo Testamento) a Cristo; siempre tenemos que estar volviendo a darle un mayor lugar a Cristo, un nuevo lugar a Cristo.
Lo que en la primera sección de esta tarde nuestro hermano Alejandro Pacheco compartió sobre la panorámica de fundamentos en Cristo, está íntimamente relacionado con esto que vamos a estar viendo sobre "las centralidades". Veíamos tres centralidades: Una la de Cristo, que es la de Dios, pero obviamente en Cristo, porque Dios es conocido en Cristo; Dios el Padre se conoce a través del Hijo; la obra de Dios íntegra, empezando por la creación, no sólo por la redención, se hace con Cristo, se hace por Cristo y se hace para Cristo; todas las cosas están centralizadas en Cristo y es Dios el Padre el que puso en ese lugar central a su Hijo Jesucristo. El Padre ama al Hijo y le ha dado como herencia todas las cosas.
El Padre ha querido que en el Hijo habite toda plenitud y el Padre lo ha hecho a él heredero de esa plenitud; el Padre ha creado en el Hijo, ha creado con el Hijo y por el Hijo y para el Hijo; entonces, no hay avance legítimo separado del Hijo; cualquier cosa tiene que ser una mayor profundización, un mejor entendimiento, pero no solamente intelectual, sino por revelación; claro que iluminando también nuestro intelecto y tocando también nuestros sentimientos y emociones y renovando nuestra voluntad y poniendo nuestro cuerpo como instrumento al servicio de Cristo y como miembros de Cristo. Amén.
Pero todo es en Cristo. Cristo es lo esencial. Entonces la primera centralidad tiene que ver con Cristo; tenemos que ahondar profundamente en Cristo.
La segunda centralidad es la consecuencia de ésta; es en el Espíritu; porque Cristo mismo, así como el Padre a Él le delegó una parte del trabajo, así también el Padre juntamente con el Hijo delegaron al Espíritu la continuación de este trabajo; entonces hay algo que es propio del Padre, con el Hijo y el Espíritu; algo que es propio del Hijo, con el Padre y el Espíritu; y hay algo que es propio del Espíritu, con el Padre y el Hijo. Entonces la segunda centralidad es en el Espíritu, en Su ser y en Su obra en nosotros, comenzando por nuestro espíritu; o sea, es la segunda centralidad. Nosotros nunca debemos salirnos de eso; nunca debemos salirnos de Cristo, nunca debemos salirnos del Espíritu y nunca debemos hacer trabajos o funciones que sean fuera de la comunión del Cuerpo de Cristo.
La tercera centralidad que Dios estableció es el Cuerpo de Cristo, porque el Cuerpo es la extensión del misterio de Cristo y es el cuerpo en el que opera el Espíritu de Cristo; por tanto todo tiene que hacerse en Cristo, todo tiene que hacerse en el Espíritu y todo tiene que hacerse en el Cuerpo y como el Cuerpo y para glorificación del Cuerpo de Cristo. Un cuerpo para que Dios sea contenido y expresado y realice Su Reino a través del cuerpo que Él quiso escogerse y a través del cual quiere reinar.
El misterio de Cristo
Entonces en esas tres centralidades nosotros estaremos basados, estaremos profundizando en ellas. ¿Por qué? Porque ellas son precisamente lo que representa el misterio de Cristo; el misterio de Cristo, que es como decir, la llave maestra de toda la Escritura.
Aparte de Cristo, la Escritura no tiene un sentido claro. Es el Señor Jesús el Cristo; o sea, el Señor Jesús como el Cristo de Dios, y el misterio del Cuerpo de Cristo y en el Espíritu. El misterio de Cristo es la llave de toda la Escritura, es la clave de todos los libros de la Biblia, es el que pone todos los libros de la Biblia en coordinación unos con otros. Por eso la vez pasada estuvimos viendo esa panorámica de toda la Biblia, mostrando que toda la Biblia está íntimamente relacionada en una misma función y en un mismo sentido; lo que es la clave de toda la Biblia que es la revelación de Dios es: el misterio de Cristo. El misterio de Cristo es lo que Dios quiere hacer conocido y revelar y ha revelado en el Nuevo Testamento y Su Espíritu lo está iluminando a Su Iglesia y lo está trayendo a realidad en la Iglesia, es el Misterio de Cristo.
El misterio de Cristo es el asunto del cual trata la Biblia; el misterio de Cristo es el asunto del cual trata el Antiguo y el Nuevo Testamento; pero el Misterio de Cristo no es sin el Cuerpo; no es sin el Cuerpo de Cristo; porque lo que Dios quiso fue darle a Su Hijo un cuerpo; un cuerpo para que Él se exprese, para que exprese Su gloria, para que exprese lo que al Padre agrada. Porque el Padre se agrada en el Hijo; entonces quiso darle al Hijo un cuerpo, quiso darle al Hijo un reino para que el Hijo haga lo que Él quiere en ese reino, que el Hijo reine, que el Hijo tenga la preeminencia, porque el Padre confía plenamente en lo que haga el Hijo. El Padre le confió todas las cosas al Hijo, y el Hijo recibe todas las cosas y realiza con todas las cosas lo que gusta al corazón del Padre; o sea que el Hijo es el que lleva todas las cosas a realización; y las lleva en Él a realización, y las lleva en Él a realización para el Padre; como está escrito: "Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos" (1Co. 15:28).
Hermanos, si sabemos que el misterio de Cristo es la llave maestra de toda la revelación divina. Debemos comenzar por esa centralidad y esa centralidad tiene tres partes: Cristo, el Espíritu y el Cuerpo de Cristo. Después se verá la culminación del propósito de Dios; pero la culminación es después; todo tiene que empezar por Cristo. Hoy, lo que Dios mediante estamos haciendo, y en sintonía y empatando con lo que nuestro hermano Alejandro está compartiendo, y esperando seguir con la ayuda de Dios en esa misma secuencia, es ver como el Señor lo vaya queriendo.
Hoy tenemos que comenzar a desglosarlo, también así como lo estaba diciendo Alejandro, primero en una forma panorámica.
Necesitamos ver cuantas cosas están relacionadas con Cristo; verlas primero así en forma panorámica; después necesitamos entrar en ellas, dejar que la palabra de Dios nos hable acerca de esos aspectos, abrirnos a esa Palabra de Dios, porque la Palabra de Dios es una simiente que una vez que realmente la digerimos, la recibimos con aprecio y con atención, produce fruto; porque según la simiente que se siembra es el fruto que se produce. Nosotros necesitamos conocer esa simiente de Dios, que es el mismo Cristo también. Entonces quiero usar el tablero para ir anotando algunos ítemes o algunos puntos que son esenciales en relación a esta primera centralidad que es Cristo.
Cristo en la eternidad
Vamos a comenzar por Cristo en la eternidad; no se puede comenzar por Cristo aquí en la tierra, porque realmente la encarnación es una de las importantes obras de Cristo, pero no es la única, ni es la primera y antes de Sus obras está Su propio ser; entonces tenemos que ver a Cristo en la eternidad, lo cual es como decir también Cristo en la Divinidad o en la Deidad; Cristo en la Divinidad o en la Deidad.
Ahí tenemos que ver el lugar de Cristo. Esto lo vamos a subdividir en capítulos; tendríamos que poner el lugar de Cristo en la Trinidad; quiere decir, Cristo como segunda persona de la Trinidad; eso implica la esencia o substancia y la naturaleza divina. En esto en la Iglesia tenemos que estar muy claros, porque esto es la revelación de Dios, es lo que Dios ha venido revelando a la Iglesia.
Dios ha venido revelándose a la Iglesia, Dios ha venido revelándose a Sí mismo, a través de Cristo; no hay revelación del Padre, sino por el Hijo; el Hijo es la revelación del Padre; el Hijo es la imagen del Dios invisible. Dios es conocido a través del Hijo, pero antes de la revelación es el ser del Hijo; es el ser de Dios, de Dios el Padre, el Hijo y el Espíritu en la eternidad, pero en Sí mismo, para Sí mismo, todavía sin tener nada que ver con la creación. La creación no es una necesidad de Dios; eso tenemos que tenerlo muy claro; la creación es un acto de amor voluntario de Dios; la creación no es necesaria a Dios; a la creación sí es necesario Dios, pero a Dios no le es necesaria la creación; el amor eterno se basta en la Trinidad, pero es tan rebosante ese amor que Dios quiso crear también; pero antes de la creación es la Trinidad en sí misma, de sí misma y para sí misma; y en esa Trinidad entonces Dios le ha dado lugar al Hijo.
De manera que debemos ver primero al Hijo en la Deidad sin relación con la creación; lo que el Señor es desde la eternidad con el Padre, lo que es Su verdadero ser con el Padre, lo cual está revelado en la Palabra del Señor; y esa revelación Dios la ha venido haciendo, la ha venido adelantando de varias maneras; la ha venido adelantando de manera tipológica, de manera profética, también revelación por encarnación, por declaración directa del Padre, del Hijo y del Espíritu; también por declaraciones delegadas de los profetas en el Antiguo Testamento y de los Apóstoles en el Nuevo Testamento y también por la experiencia de la Iglesia, gracias al Espíritu Santo. O sea que Dios se ha estado dando a conocer durante un largo período en toda la creación; basta con que hubiera comenzado la creación; ya era para Dios darse a conocer; aun la historia de la humanidad tiene el sentido de conocer a Dios. Ustedes recuerdan del capítulo que estamos distribuyendo sobre la Transición de la Revelación General a la Especial, donde Pablo decía de Dios: "para que las naciones busquen a Dios y lo glorifiquen" (Hch. 17:27; Ro. 1:21-23).
Fíjense en el objetivo que Dios le da a la historia de la humanidad, a la historia de las naciones: "para que busquen a Dios"; no hay otro fin en la creación, legítimo, que no sea el conocer a Dios y el glorificar a Dios; pero Dios es conocido y revelado y glorificado por medio del Hijo; es por medio del Hijo que se conoce a Dios y es por medio del Hijo que la creación glorifica a Dios; todo tiene que comenzar por el Hijo en la eternidad.
Después viene Cristo en la creación; pero esto de Cristo en la creación tiene que identificarse también; Cristo en el propósito de Dios; es decir, antes de la creación hubo en Dios con Cristo un propósito; no solamente un propósito para consigo mismo, sino para con la creación que haría. Antes de crear la creación, primeramente hubo una deliberación en el seno de la Divinidad acerca de la creación; entonces, lo ponemos en el capítulo de Cristo en la creación, pero es como un antecapítulo; no lo ponemos en el de Cristo en la eternidad sólo, aunque sí pertenece allí; sin embargo, es por causa de que en ese primer capítulo estamos viendo a la Trinidad en sí misma y para sí misma.
Entonces, después tiene que haber un puente hacia la creación, el cual es el propósito. El propósito no es todavía la creación; y ese propósito de la Trinidad con respecto a la creación ya muestra otro aspecto; ya no muestra el aspecto de Dios solamente en Sí mismo y para Sí mismo, sino de Dios en relación con la creación, pero primero queriéndola, preconociéndola, planeándola, deseándola, decidiéndola; entonces sí, creándola. Digamos, pues, que hay un capítulo intermedio entre Cristo en la eternidad y Cristo en la creación, pero lo estamos poniendo como si fuera una especie de prólogo a Cristo en la creación, puesto que el propósito tiene que ver con la creación; así pues que lo ponemos como una especie de antecapítulo
Cristo en el propósito eterno de Dios para con la creación
Tenemos que ver qué ha revelado Dios acerca de lo que ellos querían, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo con la creación; para qué querían la creación? y ¿qué lugar tendría el Hijo en relación con la creación? Después de que eso es decidido en el seno de Dios, pero ya no sólo en relación a sí mismo, sino a unas criaturas que comenzarían a ser de la nada por voluntad y amor de Dios y mediación del Hijo, entonces ahora sí se llega a la creación.
En la Biblia aparece revelado el lugar de Cristo en la creación. Tenemos que tener esto también presente; en la Biblia, la Palabra de Dios, se nos revela que Cristo tuvo un lugar especial en la creación y tiene un lugar especial en la creación. Tuvo, en el sentido de la creación de la nada; o sea, cuando creó él mismo; la Biblia dice que todas las cosas fueron creadas por Él y que sin Él nada de lo que ha sido hecho fue hecho. Otra cosa, la creación fue hecha también en Cristo; dice que: "todas las cosas fueron creadas en él”; esto es una cosa muy misteriosa; esto es una cosa muy espiritual; ahora necesitamos aceptar esos versículos, tenerlos presentes; digamos, programar nuestro corazón y nuestra fe con esos versículos para que el Espíritu Santo pueda traerlos a la pantalla de nuestra conciencia en el momento oportuno. Hermanos, yo antes había visto esas frases en la Biblia, pero en determinados momentos de comunión con Dios el Espíritu Santo les ha dado un sentido tan grande, tan grande, de lo que es la creación haber sido hecha en Cristo (Colosenses 1:16), no solamente por, sino también en. Por Cristo y en Cristo. Hechas por Cristo en el Padre, pero el Padre mediante el Hijo y también hecha en Cristo. Dice que: “en él vivimos, y nos movemos" (Hechos.17:28); dice que todas las cosas fueron hechas en Él. Eso es una cosa grande porque eso nos va llevando un poco al misterio de lo que es el cuerpo de Cristo. Fíjense que en la eternidad Dios se basta con el Hijo; el Padre se basta con el Hijo; pero el Padre le quiere hacer regalos al Hijo; entonces el Padre le da al Hijo una creación que Él sustente. Esa palabra sustento, que en Él es sostenida la creación, ese es otro aspecto de Cristo en la creación; eso es una cosa seria. Nada de lo que existe, existe fuera de Cristo; todo existe sustentado por Cristo.
Ustedes saben que Cristo es la Palabra de Dios y que sin la Palabra de Dios nada existiría y que todo lo que se mantiene en existencia es por la voluntad y el ejercicio de la Palabra de Dios; o sea que ese es un aspecto importante de Cristo en la creación.
Primero, no había nada apócrifo como inicio de todo; Cristo es el principio; el principio de la creación de Dios; no que Él fue el primero creado, sino que a través de Él es que se da inicio a toda la creación.
Segundo, no solamente ese principio, sino que la creación fue hecha en Cristo. Esos versículos los vamos a rumiar, nos vamos a unir a ellos, les vamos a dejar que digan lo que dicen; ahora por lo pronto estamos haciendo el resumen, pero tenemos que abrir esos versos, tenemos que dejarle a ellos decir lo que dicen.
La fecundación al principio parece que no se nota, pero deje un rato y verá cómo eso va creciendo, cómo eso va multiplicándose, va formando algo grande. Tenemos que abrirnos a la Palabra del Señor y dejar que nos diga eso para que en cualquier momento el Espíritu Santo pueda iluminarlo y asombrarnos de manera que lo adoremos y le exaltemos. Bueno, entonces Cristo es el principio de la creación de Dios, en el sentido de que es el que da comienzo a ella. Segundo, la creación es hecha en Él; o sea, la esfera de la creación, incluso la vieja creación; porque de la nueva, la redención también es por medio de Él; pero la primera creación es en el Hijo. De eso hay versículos que veremos y que algunos nos parecerán raros; y ¿qué será esto de ser creados en Él? hasta que un día el Espíritu te llega y nos ilumina; pero por lo menos tenemos que recibir la Palabra como ella viene, como ella vino de Él. Ahora viene lo relativo al sustento; no sólo a la esfera en quien fue creada la creación, sino quién la sostiene. La Palabra dice que Dios "sustenta todas las cosas con la palabra de su poder" (Hbr. 1:3); o sea, es el sustento de ella. Ahora, ese sustento implica también algo más que se llama providencia. La providencia de Dios quiere decir el ejercicio soberano de Dios con la creación para hacer los arreglos que Dios ha determinado, para que cada una de las cosas que Él creó cumplan su función; necesitan un cuidado especial de Dios, necesitan una providencia Divina; entonces hay providencia de Dios realizada por medio de Cristo; por medio de Cristo es la providencia de Dios. Hermanos, el Padre nada hace con la creación, sino por el Hijo y con el Hijo; la Providencia de Dios es a través del Hijo, es con el Hijo; estamos viendo lo que es el lugar de Cristo en la eternidad y en la creación, desglosado.
Cristo en la revelación
Ahora vamos a Cristo en la revelación; cuando vemos a Cristo en la creación ya hay un aspecto de la revelación de Dios. Una vez que empieza a existir algo eso es señal de un creador; o sea, eso es lo que se ha dado en llamar en la historia de la Teología, la revelación general, lo que la Teología Natural puede percibir de Dios a través de la creación; pero además de eso hay una revelación de Dios que es especial; hay una intervención personal de Dios en la historia de los hombres, antes de la caída, cuando Dios habló palabras directas al hombre, cuando le dijo a Adán y Eva ciertas cosas; allí hay una revelación; cuando hizo pacto con ellos. Cuando leemos Génesis, la palabra "pacto" en relación con Adán y Eva antes de la caída no aparece; pero cuando hablamos del pacto de Dios con Adán, en los profetas (Os. 6:7), nos damos cuenta que el Espíritu Santo está utilizando estas frases en los profetas para referirse a un pacto que aconteció en el Edén, un pacto en el Edén.
Entonces el capítulo Cristo en la revelación fue subdividido: Teología Natural; es decir, Cristo revelando algo parcial, pero verdadero de Dios, por medio de la creación; luego aparece la Revelación Especial de Dios; o sea, la intervención histórica de Dios en Cristo; primero antes de la caída y segundo después de la caída. Hay una revelación especial de Dios con Adán antes de la caída y después de la caída en el Antiguo Testamento realizada mediante Cristo. Entonces aquí es donde aparece el asunto misterioso que estamos viendo en la localidad de Teusaquillo: El Ángel de Jehová; “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob” (Ex.3:2,6), el Ángel de Jehová que aparece como Jehová enviado (Zac.2:8,9,11), hablando en primera persona como Dios; entonces eso tiene que ver con la revelación.
Cristo es la revelación, la revelación de Dios por medio de Cristo como el Ángel de Jehová; no un ángel creado. El nombre “ángel” no es nombre de naturaleza, sino de oficio; y el Hijo es el enviado del Padre. Por eso vemos lo relativo al Ángel de Jehová, vemos también lo relativo a las apariciones teofánicas de Cristo antes de la encarnación; eso es también Cristo en la revelación y todavía no en la encarnación, como dice el canto: "éste es el Cristo que yo predico", que la Biblia predica; la Biblia predica este Cristo. No sólo a los de la Iglesia; nosotros tenemos que conocer al Cristo de Dios, del cual somos Su cuerpo, del cual somos ahora Su cuerpo.
Cristo en la encarnación
Este es el siguiente punto de la serie; esta parte tiene muchos capítulos; la primera de ellas es la misma decisión, la decisión en Dios de redimir por medio de Cristo, incluso antes de la encarnación; pero la encarnación es la decisión de Dios. La Palabra del Señor dice que el Cordero fue inmolado desde el principio del mundo y dice que ya había sido destinado desde antes de la fundación del mundo; o sea que Dios ya había tomado esta decisión, incluso antes de que hubiera una criatura que pudiera rebelarse en carne; ¿por qué? porque Dios es omnisciente; Dios conocía todas las cosas y Dios ya había tomado decisiones y previsiones; ya ninguna cosa le sorprende a Dios. Cuánto nos consuela saber de que a Dios no le va a sorprender ningún pecado nuevo, ni ningún diablo nuevo. Dios es omnisciente y Él ya conocía todo esto y ya en la naturaleza de Él estaba el ser Redentor. Era ya una decisión en Dios; o sea, podemos comenzar por la decisión de redimir, antes de encarnarse; Cristo destinado para ser inmolado a favor de Su pueblo, antes de la fundación del mundo. Eso ya lo sabía el Señor; Él sabía para qué venía; a Él no le sorprendió nada; Él tenía clara conciencia de para qué Él había venido. Entonces Cristo en la encarnación. Tenemos que ver lo de la encarnación, primero como una decisión de Dios; y segundo, como un plan específico para redimirnos; o sea, la redención sería a través de la encarnación; el hombre se salvaría y se salvaría mediante una encarnación; o sea que el Verbo tomaría la naturaleza humana, la que en Adam cayó, y juzgaría su pecado en la cruz; y luego la renovaría; la regeneraría en la resurrección; las cosas fueron hechas en Él y entonces Él las asume; ahora Él pasa por el juicio de Dios, porque las cosas tuvieron una caída; pero no porque Él la quiso, pero sí la previó y la permitió; pero Él salvaría, Él intervendría; entonces ¿qué sucede? hay una decisión, hay que pasar por esto.
Entonces cuando Él vino, vino exactamente a eso; de manera que ahora sí, después de esa decisión, viene lo que se llama la kenosis; que es la palabra griega que significa despojamiento o anonadamiento. Cuando dice por ejemplo Pablo por el Espíritu Santo en el capítulo 2 de Filipenses: "siendo en forma de Dios, no estimó...", ahí comienza ya a revelar Dios, a Cristo, antes de la encarnación, pero para la encarnación, primero, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse; ahí comienza uno a ver esa excelencia de Cristo; ahí es donde uno se da cuenta del contraste total con Satanás, porque precisamente Satanás no siendo el Hijo se ve semejante; y el Hijo, siéndolo, no se aferra a Su condición así; y estuvo dispuesto a hacerse inferior a los ángeles, someterse a la condición de siervo y de ir hasta la muerte y beber una copa. Ahí es donde vemos la belleza de Cristo y lo que Cristo es en Su persona, lo que es para el Padre y para nosotros, porque todo esto comenzó a favor de nosotros; es decir, para que lo que Cristo es en Sí mismo por naturaleza, llegase a ser nuestro. Por eso es tan importante conocer a Cristo, porque nosotros en Adán heredamos la actitud de Satanás, pero en el Espíritu le podemos enfrentar con la actitud de Cristo, porque Cristo enfrenta a Satanás desde esa decisión; Él sabía de la caída de ese querubín y luego los que le siguieron habían tomado una actitud específica. "Seré semejante al Altísimo y sobre las estrellas estableceré mi trono" (Is. 14:13,14); entonces ¿qué se dice de Cristo? "no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse" (Fil. 2:6).
No se aferró, es decir, Él confió plenamente en el Padre, dependía absolutamente del Padre, le dio toda la honra al Padre, le dio el primer lugar al Padre, corrió todos los riesgos habidos y por haber en las manos de Su Padre; esa es la mayor bofetada contra Satanás y contra todos nosotros, cuando no estamos en Cristo participando de esta misma naturaleza y sentir que hubo en Cristo Jesús; y este sentir que hubo en Cristo es para que sea realizado en nosotros, para que nosotros seamos Su cuerpo y Su expresión; entonces necesitamos conocer a Cristo, la preciosura de Cristo, la riqueza de Cristo, porque lo que Él es, lo es para nosotros, y lo que conozcamos y apreciemos de Él es lo que llegaremos poco a poco a presentar a Dios para gloria del Padre.
El despojamiento
Entonces ya con esta decisión, "no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo”, aquí tenemos que detenernos a ver cómo fue ese despojamiento, en qué consistió ese despojamiento. ¿Dejó Él de ser Dios? ¿puede ser Dios mudable? o ¿es Dios inmutable? Entonces ¿en qué consistió ese despojarse? ¿en qué no y en qué sí se despojó? "Tomando forma"; no tenía, "tomó forma de siervo, hecho semejante a los hombres" y aquí vemos entonces el aspecto "el Verbo hecho carne", pero también "semejante a los hombres".
Naturaleza humana de Cristo
Entonces aquí entramos en el aspecto ya de la naturaleza humana de Cristo; hasta aquí, antes de la kenosis o el despojamiento, es la naturaleza divina; pero a partir de la encarnación es la naturaleza humana de Cristo. Entonces ahí hay un capítulo que corresponde a la antropología, qué misión tiene el hombre, qué partes tiene el hombre y cómo Cristo asumió el hombre integral. Porque hay herejías cristológicas y necesitamos poder distinguir la revelación divina bíblica acerca de este aspecto de la humanidad de Cristo y contrastarla con las enseñanzas heréticas acerca de Cristo y de Su humanidad; porque hay herejías que niegan la humanidad de Cristo y dicen que es una apariencia. O allí está el apolinarismo que dice que solamente el cuerpo de Cristo era humano, pero que su alma era divina, cosa que niega la completa humanidad de Cristo. O está el monofisismo que dice que Cristo no tenía sino una sola naturaleza. O está el monotelismo que dice que Cristo no tenía sino voluntad divina, pero no tenía voluntad humana; que son herejías acerca de Cristo. Todos los espíritus de error quieren tergiversar a Cristo. Fíjense que cuando el Apóstol Juan dice en qué conocer el Espíritu de Dios del espíritu de error, no dijo que porque la gente fuera muy amable, muy gentil, ni muy bondadosa; era por causa de la confesión acerca de Cristo (1 Jn. 4:1-6). Debemos ver todo lo relativo a la humanidad de Cristo, al espíritu humano de Cristo, el alma humana de Cristo, al cuerpo humano de Cristo; tenemos que constatar que la revelación divina bíblica nos muestra a Cristo con un alma humana, con un espíritu humano, con un cuerpo humano, pasando por pruebas humanas, tratado en todo conforme a nuestra humanidad; esos son capítulos fundamentales de la persona de Cristo; amén!.
Hermanos, entonces cuando dice: "hecho carne" (Jn..1:14), si se toma este verso sólo sin tener el de Filipenses, pensamos que se refería sólo al cuerpo, pero cuando lo completamos con Filipenses vemos que esta palabra “carne” la está usando el apóstol Juan para implicar toda la humanidad o naturaleza humana, porque el apóstol Pablo lo dice: "semejante a los hombres"; y luego cuando seguimos todas las pistas, las pisadas del caminar humano, del vivir humano de Cristo, entonces ahí nos damos cuenta que en Su persona Él tenía un espíritu humano, un alma humana y un cuerpo humano; y cuando Él dijo: "mi alma está muy triste hasta la muerte" (Mt. 26:38) y "no dejarás mi alma en el hades" (Hch. 2:27), entonces, ahí nos damos cuenta que Él tenía un alma humana; y también cuando dice: "me preparaste cuerpo" (Hbr. 10:5b), y también cuando les dijo, ya resucitado incluso; "un espíritu no tiene carne ni hueso como véis que yo tengo" (Lc. 24:39), nos referimos a un Cristo íntegro. Esto es muy importante tenerlo en cuenta, hermanos. En la historia de la Iglesia se ha presentado un Cristo no solamente carne sino hombre; es decir, hombre en el sentido integral, no solamente cuerpo. Los herejes han presentado un Cristo que es humano, pero que no es divino, otro que es divino, pero apenas en apariencia es humano; otros dicen que sí es humano, pero su nacimiento fue como si fuera de apariencia; y muchas cosas más.
Aquí tenemos que desglosar esta encarnación en varias etapas, comenzando por la concepción inmaculada de Cristo en la virgen María; fíjense, no dije la concepción inmaculada de María, porque es que a veces se habla de la inmaculada concepción de María diciendo que sus padres Joaquín y Ana no transmitieron la naturaleza pecaminosa a María; que ella no la heredó, que prácticamente no necesitó ser salvada; así que cuando el ángel Gabriel le dijo: Dios te salve, María, le dijo una blasfemia.
La Palabra del Señor sí habla de la inmaculada concepción de Cristo, o sea, del Verbo de Dios como hombre en el vientre de la virgen María; entonces, es la concepción inmaculada de Cristo, del Verbo como hombre, no del Verbo como Dios; pero el Verbo como Dios se sometió a una concepción humana en el vientre de la virgen María; el Verbo como hombre en el vientre de la virgen María. Aquello también de que ella era virgen, hay también que decirlo y eso estaba profetizado; entonces debemos ver esas profecías y leerlas con cuidado, dejar que nos hablen y que cada etapa esté clara. La concepción, la gestación y el nacimiento fue el cumplimiento de las profecías.
El vivir humano de Cristo
En relación al nacimiento, cómo nació en Belén y después todo lo que Él pasó, lo que se ha dado en llamar el vivir humano de Cristo. La Palabra del Señor nos enseña el vivir humano de Cristo; o sea, nos enseña de Su crecimiento, no el de la divinidad, porque la divinidad no puede crecer, porque eso sería decir que la divinidad ha sido imperfecta y se está perfeccionando y eso es el error del panteísmo, el panteísmo de la nueva era; ellos piensan que la creación es la que es Dios y que la creación evolucionando es Dios perfeccionándose, y lo querían decir varias de las religiones paganas, incluso la de los indígenas de la Amazonía, que la creación es esa substancia divina que va tomando conciencia de sí misma y en el hombre aparece la divinidad, y por eso ellos adoraban la naturaleza; los mismos indígenas aquí de la Amazonía Colombiana llegaban a idolatrar la creación por decir que la creación es un Dios. Entonces todo esto tenemos que entenderlo: Dios en Su ser es inmutable, Él no es perfectible, Él es perfecto, pero la humanidad si es perfectible, y por eso en cuanto a la humanidad en Hebreos se dice: "y habiendo sido perfeccionado llegó a ser autor de eterna salvación de ellos" (Hbr. 2:11; 5:9); pero no en lo divino, sino en lo humano, ¿por qué? porque Él tenía que asumir nuestra naturaleza humana, que nosotros habíamos degradado, y Él tenía que asumirla, pero sin pecado, para rescatarla y para llevarla a su perfección, al varón perfecto. Por eso la Biblia, en lo del vivir humano, habla del crecimiento de Cristo como hombre (Lucas 2:40), y en varios aspectos creciendo Él, en estatura, en sabiduría, en gracia, delante de Dios y de los hombres. En ese crecimiento, acompañándolo, están lo que se llaman las pruebas. “Fue probado en todo conforme a nuestra semejanza.” (Hbr. 4:15).
Además de las tentaciones a que fue sometido Cristo, habiendo salido en victoria en las pruebas; una victoria sobre sí mismo, sobre la carne, sobre el mundo, sobre el diablo, sobre los enemigos, sobre la muerte. Ahora, todo esto lo hacía para el Padre y para nosotros, y es por eso que hay que seguirlo atentamente porque eso es lo que nos pertenece a nosotros; nosotros tenemos que seguir a Cristo, porque cada cosa que recobramos en Él es para nosotros; por eso es importante seguir a Cristo. Cuando leamos la Palabra pongámosle atención a todo el caminar de Cristo porque seguramente cuando lo necesites, el Espíritu Santo te lo transmite y te hace recordar como es Él, como fue y como sigue siendo; mira como actuó y él es el mismo hoy en ti para ayudarte. Entonces, necesitamos conocer a Cristo, leer la Palabra acerca de Cristo con cuidado, leer los Evangelios; necesitamos leer Mateo, Marcos, Lucas y Juan, seguir el caminar de Cristo, las enseñanzas de Cristo, las obras de Cristo, porque todo eso es revelación. Además dice la Palabra del Señor, (especialmente Juan es el que nos habla así), de esa realización de Cristo en señales. “Este principio de señales” (Juan 2:11); si habla de esta primera señal es porque hubo otras señales; ahora, una señal es como decir un lenguaje simbólico para expresar un mensaje; o sea que los hechos prodigiosos de Cristo, no solamente culminaban en sí mismos, sino que eran hechos en señal de algo. Nosotros, pues, debemos percibir de qué eran señales esos hechos; no solamente que Él hizo, que convirtió el agua en vino, que hizo aquello, que hizo aquello otro, sino que aquello lo hizo como señal de algo, y ¿usted cree que Dios nos va a dar señales para que las ignoremos? ¿no sería eso una ofensa al Señor? No debemos ignorar esas señales, hermanos. Tenemos que observar esas señales en el vivir humano de Cristo. Todas las señales que hizo, Sus enseñanzas, cuando actuaba como profeta, cuando actuaba como sacerdote, como rey, como Señor.
La muerte de Cristo
Llegamos ahora a la muerte de Cristo, lo que significó la muerte de Cristo; primero en qué consistió, qué significado tiene y qué logros obtuvo, son tres cosas importantes. Primero en qué consistió, segundo qué significó y luego que logró. Ahí es donde vemos las riquezas del sacrificio de Cristo. Con los hermanos de Teusaquillo en los años de 1992 y 1993, estuvimos viendo una serie sobre las provisiones de la cruz, lo que el Señor hizo en la cruz; y eso duró como un año, pero todavía no está en la mano de muchos hermanos.
Lo que el Señor hizo en la cruz; esto es una cosa amplísima, y como ya está, digamos, bosquejada en otros capítulos y ya en otros lugares fue enseñada, digamos que aquí solamente lo voy a pasar por alto; sólo voy a decir que en la cruz de Cristo fueron tratadas muchas cosas: la expiación o propiciación, el perdón, la limpieza de la mancha del pecado, la liberación del pecado, la reconciliación, la justificación, el tratar con las cosas viejas, la circuncisión, el tratar con el viejo hombre, el tratar con la carne, el tratar con el mundo, con Satanás, con los principados, con el acta de decretos que había contra nosotros, con las enemistades del sexo, de raza, de nacionalidad, etc. ¡Cuántas cosas fueron hechas en la cruz! Trató además con el antiguo ministerio de la letra, con el antiguo pacto, para pasarlo al nuevo. Por eso, hermanos, Cristo es un misterio glorioso para la Iglesia; y en esto la Iglesia no puede ser superficial. Sí, esto es lo que Dios nos ha dado, Dios nos ha dado a su Hijo para vivir por él; en esto tenemos que estar encima, tenemos que estar digiriéndolo y bebiéndolo constantemente; esto es lo central. El Evangelio comienza por la persona de Cristo, la muerte de Cristo, Su sepultura y Su resurrección.
La sepultura de Cristo
Entonces, después de todo esto sigue lo relativo a la sepultura de Cristo; lo que fue en sí misma y el efecto que tiene para nosotros; lo que objetivamente aconteció en la sepultura y también mientras su cuerpo estaba en la sepultura su alma no fue dejada en el Hades y en espíritu fue y predicó a los espíritus encarcelados. Así que hubo algunos acontecimientos de ultratumba mientras Cristo estuvo muerto, antes de la resurrección. Por ejemplo, dice que el fue al Paraíso y le dijo al otro que también iba a morir: "de cierto hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lucas 23:43); o sea que él fue al Paraíso, pero también dice que fue al Hades. La Biblia dice: "no dejarás mi alma en el Hades"(Hch. 2:27); y también dice que en espíritu fue y predicó a los espíritus encarcelados que habían desobedecido en los tiempos de Noé (1 Pedro 3:18-20), a aquellos ángeles que pecaron y que están en el tártaro (2 Pd.2:4); así que el Señor fue al Paraíso, fue al Hades y fue al Tártaro; tres días de trabajo intenso en ultratumba, antes de la resurrección.
La resurrección de Cristo
Entonces ahora sí viene la resurrección, lo que fue objetivamente y lo que obtuvo para nosotros; así como la muerte obtuvo para nosotros mucho, la sepultura también tiene su significado. Dice la Biblia que nosotros fuimos sepultados juntamente con Él por el bautismo (Col. 2:12). Cuando Él fue sepultado, nosotros estábamos siéndolo juntamente con Él. Cuando somos bautizados nosotros nos identificamos con Su sepultura. Somos sepultados con Cristo por el bautismo. Es decir, todo lo que aconteció con Él objetivamente, todo lo que aconteció con Cristo objetivamente tiene una aplicación al hombre para un fin subjetivo. Debemos conocer lo que fue hecho objetivamente, ya sea que usted lo crea o no lo crea. Fue hecho, ya sea que usted lo disfrute o no lo disfrute. Fue hecho. Entonces tenemos que oír lo que fue hecho. Y segundo, el Espíritu Santo comienza a darle vida a lo que Él hizo; comienza a revelar, comienza a darlo para disfrutarlo. Cristo murió por nosotros; nosotros también morimos, empieza a decir Pablo, y ahí es cuando el Espíritu Santo comienza a enseñarle al mundo muchas cosas. Lo que Aquel Cristo objetivamente, sin que todos lo supieran, había hecho, el Espíritu Santo comenzó a decir: -mire, esto fue para usted, dice el Espíritu, para ser esto suyo. Entonces usted empieza a verlo en Cristo y comienza a creerlo, a recibirlo y a disfrutarlo. Es porque usted lo ve y lo cree que llega a ser suyo. Pero de todas maneras fue hecho. Por eso nuestro hermano lo recordaba. Cristo tiene que ser anunciado.
¿Por qué Cristo tiene que ser anunciado? Para que el Espíritu Santo pueda darle vida al anuncio y realizar Su presencia. Tenemos que hacer eso: oír de Cristo y oír a Cristo. Lo que los apóstoles predicaban era a Jesucristo. Ese era el tema de los apóstoles, porque lo que Él es para nosotros es lo que determina lo que nosotros lleguemos a ser.
Quien sea para ti Cristo, qué de Cristo te ha sido revelado, y qué de lo que Cristo es y te ha sido revelado tú confiesas, crees y recibes, eso determinará lo que tú llegas a ser. Eso es lo que Dios nos dio en Su Hijo. Sobre esa Roca somos edificados. Entonces la resurrección tiene un aspecto objetivo en la historia de Él y también un aspecto aplicable ; de hecho la resurrección toda es aplicable, toda la resurrección de Cristo es aplicable y eso significa la regeneración de nuestro espíritu, la renovación en el alma, la glorificación en Cristo, la unidad del Cuerpo de Cristo; habrá arrebatamiento en la Iglesia porque Cristo fue ascendido; ¿en virtud de qué será arrebatada la Iglesia?, en virtud de la ascensión de Cristo; Aquel que ya ascendió ahora viene a levantar la Iglesia; es una cosa maravillosa, gloriosa.
La ascensión de Cristo
Después de la resurrección viene la ascensión; la entronización; el sumo sacerdocio de Melquisedec; Él es abogado, Él es intercesor, Él es Señor, soberano, Él es cabeza y como cabeza es cabeza de todo principado y potestad, de todo varón, de la Iglesia y de todas las cosas dado a la Iglesia. ¡Precioso! Qué grande es nuestro Dios; Él es heredero, Él conduce todas las cosas, a la diestra del Padre. Aun Su Espíritu prohibe ir por allá, ir por acá, porque Él conduce y también volverá. Pero todo lo anterior es para Su regreso; volverá; esto
también tiene sus capítulos, también tiene sus detalles. Cristo vuelve.
Por eso la tipología que nos estaba recordando Alejandro de las distintas fiestas; todas son para señalarnos los distintos aspectos de Cristo, porque la Biblia dice que las fiestas son sombra de Cristo, de Aquel que habría de venir que es Cristo. O sea que a través de aquellas fiestas, Dios estaba resaltando aspectos de Cristo que necesitamos todos; todos ellos los necesitamos. Entonces en el regreso de Cristo hay muchas cosas.
El reino
Luego viene el aspecto del reino; hay un aspecto actual del reino, de la Iglesia, y hay un aspecto dispensacional de recompensa del reino en el milenio; también está el nuevo cielo y la nueva Jerusalén; o sea la culminación de Cristo, la lámpara de Dios, el Cordero. Entonces hermanos, esta es una especie de panorama que nos demuestra cuánto debemos poner atención a Cristo. La Iglesia tiene que estar ahí; la Iglesia tiene que tener estas cosas, porque cada una de estas cosas: Qué es Cristo, qué hizo Cristo y qué logró Cristo, es para nosotros; mientras más lo apreciemos, más lo disfrutamos, más lo agradecemos; ahora, ¿qué es el sacrificio que Dios puede recibir de nosotros? Sí, Dios no recibe nada del hombre, sino es por el sacrificio de Su Hijo; es nuestra fe, confianza, nuestro aprecio y fruto de lo que Cristo es y de lo que Cristo hizo, nuestro sacrificio que nos hace aceptos al Padre; nosotros tenemos que apreciar lo que Cristo es y apreciarlo delante de Dios y asombrarnos y creerlo y recibirlo, y entonces Dios nos recibe. ¿Sabe por qué Dios nos recibe? Por la fe, porque apreciamos a Su Hijo. No hay otro motivo por el cual Dios nos reciba; si no creemos, si no apreciamos a Su Hijo, no podemos estar delante del Padre, porque sólo por Su Hijo, por Su nombre y en Su sangre es que tenemos acceso a Dios. No podemos entonces, hermanos, salir de estas tres centralidades concéntricas: Cristo, el Espíritu y el Cuerpo de Cristo.
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Continúa con: Aspecto subjetivo.
PANORÁMICA DE CRISTO COMO CENTRALIDAD / aspecto subjetivo
PANORÁMICA DE
CRISTO
COMO CENTRALIDAD
ASPECTO SUBJETIVO
Una recapitulación
En continuidad con esta serie, veamos lo relativo al aspecto subjetivo de Cristo. Esta serie se llama "Tres centralidades", las cuales en la primera ocasión mencionamos, que era primeramente Cristo mismo, la revelación de Dios el Padre a través del Hijo; segundo, el Espíritu; y tercero, el cuerpo de Cristo como organismo de Dios el Padre, Hijo y Espíritu. Hemos comenzado a desglosar la primera parte en lo relativo a la primera centralidad que es Cristo. La vez pasada comenzamos a desglosar los capítulos relativos al Señor, pero enfocando primeramente el aspecto objetivo. ¿Qué se quiere decir con el aspecto objetivo? Lo que el Señor es en Sí mismo, de Sí mismo y para Sí mismo, sépanlo o no lo sepan las demás criaturas, los hombres; creánlo o no lo crean los hombres, Él es el que es; para serlo, Él no depende de que lo sepamos o no. Nuestro conocimiento de Él y nuestra confianza en Él, no le añade a Él nada, porque él no es una creación nuestra; nosotros somos una creación de Él. Él es un ser objetivo y también realizó una obra objetiva en la eternidad conforme a los principios de Dios, y también en el tiempo, en la historia, una obra de encarnación como un ser humano, de muerte en la cruz, de resurrección, etc.; todo esto que mencionamos la vez pasada. Aunque obviamente tiene aplicación subjetiva, era principalmente una consideración objetiva de Cristo. Ahora bien, la intención de Dios al haber hecho al hombre, al haber hecho al hombre sujeto, es que Dios quiere meterse en Cristo, por el Espíritu; Él quiere ser conocido por el hombre también de una manera subjetiva, experimental, mística, interior. De manera que el capítulo de hoy es una continuación del de la vez pasada, sólo que en el de la vez pasada vimos un panorama de Cristo como centralidad en lo objetivo, y hoy debemos ver esa otra panorámica también de Cristo como centralidad en nuestras vidas, pero en lo subjetivo.
En lo objetivo habíamos visto a Cristo en la eternidad, Cristo en la Trinidad; Cristo como segunda persona de la Trinidad como ha sido llamado en la historia de la Iglesia por Teófilo do Antioquía y por Tertuliano de Cartago. Otro aspecto objetivo de Cristo, es Cristo en sus propósitos con la creación; o sea, lo que se llamaría la Teleología Divina. Viene del griego telos, que quiere decir el objetivo, el propósito que Dios tiene, ya no solamente en relación con Su ser, sino en relación con el ser de Sus criaturas. Claro que no puede ser sino Dios la razón y el fin de Sus criaturas; para entonces cuando consideramos la Trinidad esencialmente, Dios en Sí mismo, para Sí mismo, eso es un Dios objetivo que se conoce y que no necesita de la creación, pero por amor Él quiso incorporar a criaturas en Su felicidad, en Su conocimiento; claro que será conocido. Por una parte Su grandeza, por otra parte Su misericordia, por otra parte Su justicia y poder, incluso en Su ira para con el pecado, porque el pecado es mucho, y es muy terrible. El Señor dejó criaturas en su albedrío y ellas escogieron hacer cosas horrendas, y Dios lo ha permitido porque Él ha de revelar también un juicio; pero Dios no solamente es fuego consumidor, Dios también es amor. Además de ser el Señor en la eternidad, lo vemos también en Sus propósitos, en la eternidad, pero en Sus propósitos para con nosotros.
El otro capítulo es Cristo en la creación; eso también es objetivo, es algo fuera de nosotros; aunque después lo podemos conocer de una manera más profunda, pero ya sea que lo conozcamos o no, es un hecho objetivo, eterno y también histórico, porque la creación está en el tiempo, y el tiempo es parte de la creación; entonces es histórico, objetivo en lo eterno y objetivo en lo histórico. También lógicamente con la creación ya hay una revelación de Dios, revelación para con la creación. Dios no tiene revelaciones nuevas, Él ya conoce todo desde la eternidad; así que siempre que se habla de revelación es en relación con la creación. En el momento que Dios creó, comenzó a revelar algo en lo general, pero también hay después una intervención específica de Dios con palabras y con propósitos redentivos, porque la creación cayó, parte de la creación cayó; dos terceras partes de los ángeles, los escogidos, se mantuvieron sin caer, pero la tercera parte cayó, y todos los hombres cayeron, excepto el Señor Jesús. Hay una revelación de Dios a través de la creación, de la conciencia humana, lo que estudia la Teología Natural; y también hay una revelación de Dios al hombre antes de la caída: una revelación especial a Adán y a Eva en el jardín del Edén.
La revelación especial
Hay palabras directas reveladas al hombre y a los hombres, porque a través de la tradición y la transmisión de aquella primera pareja, esa tradición fue pasando de familia en familia, de generación en generación, y algunos desde esa tradición comenzaron a cambiarla, a modificarla; entonces Satanás trabajó en ella y resultaron perversiones de esa tradición, y de ahí surgieron algunas mitologías antiguas, especialmente en la Mesopotamia, y la de los sumerios, la de los acadios, que tienen algunos parecidos por causa de tener un origen común con la revelación bíblica; pero la tradición legítima que pasó de Adán a sus generaciones, incluso a Matusalén, que tuvo muchos años de convivencia con Adán, de manera que esas transmisiones pudieron llegar hasta el diluvio, solamente pasando de Adán a Matusalén y a Sem, y Sem vivió incluso hasta la vida de Isaac, los primeros años de la vida de Isaac. Esto se conoce siguiendo las genealogías de los capítulos 5 y 10 de Génesis y otros. Esa trasmisión, digamos, de la tradición del Edén, de los principios, de los orígenes, de Adán, de Abel, de Set, etc., fueron siendo transmitidas e incluso escritas hasta que Dios providenció una época específica con Moisés en que se escribiera el libro de Génesis en su forma primaria; después hubo algunas adaptaciones a la época, se pusieron en orden algunas palabras de ciudades que habían cambiado de nombre, eso fue efectuado por los posteriores encargados de transmitir la revelación, como Josué, como Samuel y otros; le hicieron algunos arreglitos hasta la época; pero la tradición viene original desde el primer hombre, y el principal recopilador y redactor fue Moisés, aunque antes de él ya había escritura y también tradición oral.
Hubo pues una revelación especial ya no solamente a través de la creación, huellas de un Creador en la creación, huellas de un Legislador en la conciencia, intervención directa de Dios, apariciones teofánicas de Dios a los hombres, y el Espíritu de Dios hablando a través de los profetas, y "Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas" (Hebreos 1:1). La revelación más perfecta fue dada en el Señor Jesús.
En Él se consuma la revelación de Dios. Al llegar el Señor Jesús podemos decir: "Éste es el verdadero Dios, y la vida eterna", como lo escribió el apóstol San Juan: "El Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Éste es el verdadero Dios, y la vida eterna" (1 Juan 5:20).
Entonces vemos a Cristo en la eternidad, en el propósito, en la creación, en la revelación antes de la caída, general y especial, y en la revelación redentiva también especial, progresiva, también después de la caída. Vemos a Cristo en las apariciones teofánicas antes de la encarnación; el Espíritu de Cristo antes de la encarnación operando en los profetas, como dice el apóstol Pedro. Él dice que: El Espíritu de Cristo pre-anunciaba las cosas que habían de venir; eso era a través de los profetas; eso es también una operación objetiva, histórica, de Cristo. Vemos también a Cristo en la kenosis, en el despojamiento, en la encarnación, en la concepción virginal en el cuerpo de la virgen María, en la gestación, en Su crecimiento, en su vivir humano, en Sus pruebas, en toda clase de pruebas múltiples tocando distintos aspectos, específicamente aquellos aspectos característicos de la tentación del hombre, y en los que el hombre cayó, y de donde ha surgido lo que es el mundo. Vemos a Cristo enfrentando al mundo; vemos a Cristo como profeta, como sacerdote, a Cristo como Rey, como el Mesías; vemos la muerte de Cristo y todas las cosas que fueron hechas en la muerte de Cristo; vemos también el viaje de ultratumba, entre la muerte y la resurrección de Cristo, tanto en el Paraíso, como en el Hades, como en el Tártaro.
Vemos la resurrección integral de Cristo, Su aparición a los apóstoles, como en la primera carta a los Corintios. Esas cosas esenciales de la persona de Cristo, de Su muerte, Su sepultura y Su resurrección, de Sus apariciones, Sus enseñanzas antes de la muerte y después de la muerte, Su ascensión, Su entronización, Su intercesión como abogado, Su señorío, Su gobierno de la Iglesia, de los ángeles y principados, incluso del mundo, Su pronto regreso con las distintas etapas; el aspecto del arrebatamiento de la Iglesia, el aspecto de la venida, el aspecto del milenio, el aspecto de los distintos juicios de Cristo, el tribunal de Cristo para juzgar a la Iglesia, el juicio del trono blanco, el juicio de las naciones, etc. Cristo como luminaria en la Nueva Jerusalén. Todos estos son aspectos objetivos de Cristo que hemos visto en forma panorámica y que ahora lo estamos refrescando.
Cristo en la Iglesia
Pero hay un aspecto al que todos tenemos que dedicarle un poco de tiempo, y mirarlo en forma panorámica también. Cada uno de estos ítems que hemos mencionado y los que Dios mediante mencionaremos, ameritan una consideración detenida, tanto en lo objetivo, exegéticamente, teológicamente, como en lo subjetivo, experimentalmente, místicamente.
Ahora que hemos visto a Cristo en la eternidad, en la creación, en la encamación, en la vida, en la muerte, en la resurrección, en la ascensión, ahora tenemos qué ver a Cristo en la Iglesia. La Palabra del Señor nos enseña a Cristo en la Iglesia; lo demás era para esta parte. La razón de la encamación, la razón de la muerte, la razón de la resurrección, la razón de la ascensión, la razón del renacimiento del espíritu es para la inhabitación de Cristo, la formación de Cristo, la configuración de Cristo en la Iglesia. El misterio de Cristo no es sin la Iglesia. Solemos decir que el aspecto objetivo de la historia del Señor Jesús es apenas una primera parte en el programa de Dios, pero en la eternidad, Dios había planeado que ese Hijo unigénito fuera primogénito entre muchos hermanos y fuera cabeza de un cuerpo. ¡Amén!
Entonces, en la Biblia, cuando se habla del misterio de Cristo, en esa expresión se incluye a la Iglesia: por ejemplo, en Efesios 3, Pablo habla del misterio de Cristo; y cuando tú lees todo el contexto del capítulo 3, donde Pablo está hablando de que le fue revelado el misterio de Cristo que en otro tiempo no había sido revelado, mas que ahora en el Nuevo Testamento había sido revelado, y cuando viene diciendo: ¿Cuál es el misterio de Cristo? Entonces dice que el cual es "que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio" (Ef. 3:6). Vemos, pues, que el misterio de Cristo se refiere a la incorporación de Cristo. Por eso es que en la primera epístola a los Corintios 2:12, cuando el Espíritu Santo por mano del apóstol Pablo habla de Cristo, él habla del Cristo corporativo.
Entonces hay un aspecto objetivo de Cristo. Hermanos, pongan atención: el mismo Cristo eterno que se despojó y encarnó, murió, resucitó y ascendió, es exactamente el mismo que se ha incorporado en Sus hijos; no es ningún otro. Nosotros, el cuerpo, tenemos que saber de qué Cristo es que somos miembros. La Biblia nos llama a nosotros miembros de Cristo, del Cristo eterno, del Cristo encarnado, del Cristo muerto; es decir, que pasó por la muerte y por el juicio, del Cristo que resucitó, ese Cristo que resucitó para resucitarnos; el Cristo que murió, es el Cristo que murió para liberarnos a nosotros por medio de la muerte juntamente con Él; el Cristo que ascendió es el Cristo que nos ha sentado con Él en lugares celestiales; o sea que el Cristo objetivo, ahora por el Espíritu es también objetivamente el Cristo subjetivo.
El Cristo subjetivo
Cuando decimos subjetivo no quiere decir que sea solamente una creación de nuestro sujeto, no, sino que es objetivamente en nuestro sujeto: espíritu, alma y cuerpo en lo individual y en el concierto corporativo de nuestras personas individuales; es un mismo Cristo.
Ese es el misterio de Cristo: cabeza y cuerpo. De manera, hermanos, que una cosa central en la Palabra del Señor es Cristo también en la Iglesia. Es lo que en Colosenses dice: "misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu" (Ef. 3:5); y ya no en Efesios, sino en Colosenses que dice: "el cual es Cristo en vosotros". Esos distintos capítulos de esta segunda parte: Cristo en la Iglesia, tenemos que considerarlos atentamente; son muy importantes; atañen a la segunda gran parte del plan de Dios; porque la primera parte es en relación con Su Hijo; ahora la segunda parte es en relación con la esposa de Su Hijo, que es Su cuerpo. Entonces la continuación del misterio de Dios, es Cristo, y el misterio de Cristo, que es la Iglesia.
Así como hay capítulos en cuanto al Cristo objetivo, eterno e histórico, también hay capítulos objetivamente aplicados a nuestro sujeto personal y eclesial; esos capítulos son ya no solamente Cristo en la eternidad, Cristo en la creación, Cristo en la encarnación, Cristo en la muerte, Cristo en la resurrección, Cristo en la ascensión, Cristo a la diestra del Padre, sino también Cristo en tu espíritu. Pablo le dice a Timoteo: "El Señor Jesucristo sea con tu espíritu". ¡Aleluya, oh Señor Jesús! amén. Esto comienza con la regeneración, pero también con el moverse de Cristo en nuestro espíritu. Por eso en Romanos 8:10 dice:
"Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto por causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia", la de Cristo. Ahora, es no solamente Cristo a la diestra del Padre, sino Cristo en nuestro espíritu, y eso tiene, digamos, subdivisiones también.
Cristo en nuestro espíritu
Cristo en nuestro espíritu, Cristo en el espíritu del hombre. Primero Cristo revelado en nosotros; éste es el primer aspecto de Cristo en nuestro espíritu. Dice Pablo: "Cuando agradó a Dios... revelar a su Hijo en mí" (Gál. 1:15,16). Por ahí comenzó todo; el Padre nos tiene que revelar en el espíritu a Su Hijo; o sea, Dios tiene que tocar nuestro espíritu y ponerse en contacto; Dios el Padre a través del Hijo y por el Espíritu despertando nuestro espíritu, y el Espíritu de Dios glorificando en nuestro espíritu al Hijo y el Hijo al Padre; o sea, Cristo revelado en nuestro espíritu. Por eso dice Pablo a Timoteo: "El Señor Jesucristo esté con tu espíritu". Cuando dice: "esté con tu espíritu", quiere decir que hay una operación de Cristo en el espíritu porque ya lo venía morando en el espíritu, pero no hay sólo un morar en el espíritu, hay una actividad de Cristo. Primero Cristo revelado a nosotros; ahora Cristo morando en nosotros. Ya es un poco más; Cristo revelado en nosotros y Cristo morando en nosotros, es lo que podríamos decir: Cristo como vida. Ahora, cuando Pablo le dice a Timoteo: "El Señor Jesucristo esté con tu espíritu", es el ejercicio de la vida de Cristo en nosotros.
Cuando Pablo dice en la segunda carta a los Corintios: "¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?" (2 Co. 13:5). Es decir, hay una revelación de Cristo y una inhabitación de Cristo, Cristo en nosotros, primeramente en nosotros; no es sólo en nuestro espíritu, ese "en nosotros" es también nuestra alma y nuestro cuerpo, pero hay que empezar por el espíritu. Primero es Cristo en nuestro espíritu. "El Señor Jesucristo esté con tu espíritu", ya mora Cristo; así que cuando dice "sea", quiere decir que ejercite Su persona en tu espíritu; significa Cristo ejercitando Su persona en nuestro espíritu, así como dijo: "¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre es en mí?" (Juan 14:10).
De la misma manera, sin ninguna diferencia como el Padre es en el Hijo, el Hijo es en la Iglesia. El Padre, con el Hijo y el Espíritu es en la Iglesia y al ser, mora, y al morar, se ejercita, ejercita Su persona; es decir, que en tu espíritu como hijo de Dios legítimo, como individuo cristiano, como hijo o hija de Dios personal, existe una actividad de Cristo, Cristo en el espíritu. Dijo: "Que el Señor sea con tu espíritu", que no vivas tu vida solamente sin Cristo, sino que tengas vida, y entonces esa es una parte. Cuando es Cristo revelado y morando y ejercitando en nuestro espíritu, hay vida, pero cuando es Cristo formado en vida, ese es otro aspecto. Entonces el primer aspecto es Cristo en nuestro espíritu. Cristo en la eternidad, Cristo en la creación, Cristo en la encarnación, Cristo en el sacerdocio, Cristo en la profecía, en el reino, Cristo en la cruz, Cristo en la resurrección, Cristo en la ascensión, exactamente es el mismo Cristo revelado y morando en ti y ejercitando Su persona en tu espíritu primeramente.
Qué hermoso que el ser humano haya sido creado con un espíritu, y que pueda percibir en su espíritu el ser, el vivir, el actuar, el moverse de Él; esto es algo muy grande. Es Cristo en nuestro espíritu. Tiene varias partes.
Cristo en nuestro corazón
Después viene Cristo en el alma, y vamos a agrandar un poquito esta palabra, alma, para tomar del espíritu; porque ustedes saben que el espíritu humano tiene tres partes, tres funciones: la función de la intuición, la conciencia y la comunión con Dios. Nuestra comunión verdadera es con el Padre y con el Hijo en nuestro espíritu. ¡Aleluya! Comunión verdadera con el Padre y con el Hijo en nuestro espíritu.
Entonces tomando esta parte del espíritu llamada la conciencia, más las tres partes del alma: mente, voluntad y emociones, tenemos el corazón: o sea Cristo habitando en el corazón, que equivale a Cristo formado en nosotros. Aquí era Cristo revelado, como Pablo en Gálatas nos dice: "Cuando agradó a Dios revelar a su Hijo en mí". Igual que hizo con Pedro: "No te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre".
Ahora, ¿dónde se recibe la revelación? en el espíritu. Las cosas espirituales se disciernen espiritualmente; a Cristo se le debe conocer espiritualmente. Aun como el Cristo histórico, hay un conocimiento de Cristo según la carne, pero ahora como ha resucitado y nos ha regenerado, ya no lo conocemos solamente según la carne, no solamente según la historia. No necesitamos ponernos en esos problemas de historicidad de una manera terrible, de decir hasta qué punto eran históricos los Evangelios, cuánto tiempo hubo entre la historia y la Escritura. Hay personas que están muy preocupadas con eso, muchos teólogos, pero Pablo dice: "Aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así"; o sea que ahora el conocer a Cristo es en el espíritu; eso es el Cristo revelado en nosotros, es conocer a Cristo, es que el Espíritu de Cristo sea participado en mi espíritu y yo ya no conozco a Cristo desde afuera, sino desde adentro, y empiezas a experimentar un poquitico de lo que es experimentar a Cristo, empiezas a entender Sus frases y Sus actitudes desde adentro, se te concede incluso participar de sus padecimientos poquito a poco.
La intención de Dios es darnos a Cristo, todo de Cristo, a Cristo como todo. Sin embargo, dice Pablo en la epístola a los Efesios (yo sé que mis hermanos conocen estos versos, pero no se los estoy leyendo sino citando de memoria, porque ustedes los conocen): "14Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, 15de quien toma nombre toda familia en los cielos y en la tierra, 16para que os les dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; 17para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones" (Ef. 3:14-17). Pablo le está escribiendo no a incrédulos, él no lo está diciendo a incrédulos que no han nacido de nuevo, que Cristo habite por la fé en sus corazones; él está diciendo a la iglesia en Efeso, que ya había recibido a Cristo y tenía a Cristo en sus vidas, pero cuando él dice: Cristo habitando en el corazón, no es una cosa simple. Hay que entender lo que es el corazón en la Biblia. Entonces es Cristo en la mente, Cristo en la voluntad, Cristo en la emoción, Cristo en la conciencia.
La Biblia dice: "Mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo". Eso es por causa de Cristo ser formado en la conciencia, porque el Espíritu Santo lo que nos hace es traer a Cristo. "18No os dejaré huédanos; vendré a vosotros; 23y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él" (Juan 14:18,23). Ahora, hacer morada es como preparar Su cuarto, preparar Su ducha, preparar Su comida, preparar Su vida cotidiana en él. Él quiere habitar en nuestra vida cotidiana; Él no nos hizo marcianos, ni ángeles; él nos hizo hombres con los pies en la tierra, y Él quiere vivir nuestra vida humana a través de nuestra cotidianidad; Él quiere meterse en todo nuestro ser, Él quiere pasar de ser vida a ser vivir.
Cristo en nuestro espíritu es Cristo como vida, pero Cristo en nuestra alma es Cristo saliendo del círculo del Lugar Santísimo al Lugar Santo y después al Atrio. Aquí es espíritu, aquí es atrio, aquí es cuerpo. Aquí en el espíritu hay conciencia, comunión e intuición. Aquí en el alma hay mente, voluntad y emociones. Entonces es Cristo en nuestra conciencia; es decir, que hay conciencias que están separadas de Cristo, que son conciencias malas, que son conciencias cauterizadas, que son conciencias corrompidas, como sucedía en el caso que nos mencionaba en la primera clase nuestro hermano Alejandro, que es el caso de aquellos seres humanos como nosotros, iguales que nosotros que eran fariseos, que colaban el mosquito pero que tragaban el camello, que a lo mayor le decían menor y a lo menor le decían mayor, o sea era una conciencia que no funcionaba bien, unas conciencias que estaban tergiversadas, y ahora Cristo tenía que formarse en esas conciencias y les ayudaba. ¿Qué es mayor? ¿Qué es primero? ¿Qué es lo más importante? Porque ellos le llamaban más importante a esto menos importante, y tenían en poco lo más importante, y decían ¿qué es lo más importante? Era el Señor corrigiendo el funcionamiento de las conciencias, sus conciencias estaban afectadas; o sea que a veces la conciencia humana anda por un lado y Cristo anda por otro, aun siendo cristianos. ¿Por qué? Porque esto se trata de la formación de Cristo en ti. Una cosa es que Cristo te sea revelado, otra cosa es que Cristo more y otra cosa es que Cristo se forme.
Cristo formado en nosotros
Dice Pablo en Gálatas dice: "Cristo ha sido revelado en mí; le agradó al Padre revelar a Su Hijo en mí", pero luego en el siguiente capítulo dice: "Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí" (Gál. 2:20). Cristo como vida. "Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste" (Col.3:4). Cristo vuestra vida. Pero luego en Gálatas, nos dice Pablo: "Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros" (Gál. 4:19); ya esa es otra cosa, ya esta flor se va abriendo, hermanos. Primero estaba en la eternidad, luego se hizo hombre, luego pasó por la muerte, por la resurrección, por la ascensión, se sentó a la diestra y envió al Espíritu, y el Espíritu toma todo lo que es del Hijo y el Hijo toma todo lo que es del Padre, y el Padre en el Hijo, y el Padre y el Hijo en el Espíritu vienen primero y te revela. Ya has entrado en contacto con Dios al recibir la palabra de los apóstoles que dice: "Esto os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo" (1 Jn. 1:3), porque el Padre viene con el Hijo, "no me ha dejado solo el Padre", "el que me envió, conmigo está", "el que recibe al Hijo recibe al Padre", "el Padre y yo vendremos y haremos morada contigo". El Padre viene a través del Hijo, y el Padre y el Hijo vienen a nosotros por el Espíritu, "el Espíritu tomará de lo mío", "todo lo que tiene el Padre es mío y él os lo hará saber". Pero esa palabra "saber" es el conocer; no es el conocer solamente intelectual, que es sólo una función exterior de la mente creada por Dios, que puede funcionar bien si está en su lugar o mal si se rebela; pero aquí el "conocer" es no según la carne, no; es conocer a Cristo según el Espíritu.
Entonces dice: "En aquel día conoceréis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí, y yo en vosotros". "Yo en vosotros", ese es Cristo en la Iglesia; ese "vosotros" es el espíritu de cada uno, el alma de cada uno, el cuerpo de cada uno, el espíritu de todos nosotros juntos en la unidad del espíritu, y también el Espíritu de Dios en nuestras almas juntas como un solo corazón y alma; ya no sólo unidad, sino unanimidad. Ese es también Cristo en la unanimidad de la Iglesia, o sea que ese Cristo glorioso salió de la eternidad para meterse en nuestro ser y nos lleva con Él. ¡Aleluya! Y aparece en gloria en su Iglesia, al final. Amén. Habiendo salido, como decir, del silencio antes de la creación, a la plenitud de la revelación en gloria; esa salida de Dios es una cosa maravillosa porque el misterio es el misterio de Dios.
Cristo en la conciencia; Cristo en la mente. La palabra de Dios lo dice claro: "Llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo" (2 Co. 10:5). Una cosa son los pensamientos rebeldes, enemigos sueltos, y otra cosa son los pensamientos habitados, cabalgados, dirigidos, renovados por Cristo. Cuando dice en Efesios: "para que habite Cristo por la fe en los corazones", se lo está diciendo a la Iglesia; no está diciendo que reciba a Cristo como Salvador personal, no. Ellos ya lo habían recibido, ya habían nacido de nuevo; está hablando del proceso de formación de Cristo, el proceso de domación. Necesitamos ser domados; nuestros pensamientos tienen que ser domados por Cristo; es Cristo habitando en la mente, Cristo habitando también, en las emociones. La Palabra dice: "Haya, pues, en vosotros ese sentir que hubo tambien en Cristo Jesús" (Fil. 2:5). Lo hubo en Cristo. ¿Lo hubo desde cuándo? desde la eternidad. ¿A qué sentir se refiere? Al sentir que Cristo tenía en la eternidad, "el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse" (Fil. 2:6). No se aferró de nada, no se confió absolutamente de nada, no peleó con nadie, no reclamó, confió totalmente, no le atribuyó al Padre ninguna mala intención; se humilló, se puso en las manos del Padre, y el Padre le dijo: vas a morir, y aceptó la muerte hasta lo sumo. Ese es el sentir de Cristo, del Cristo eterno que siempre fue en la eternidad, y continuó tomando esa decisión, y luego llevándola a cabo en conformidad, a partir de la encarnación, de la kenosis, el despojamiento, y la encarnación. Ahora, ese mismo sentir, dice, haya en vosotros, No es algo que nosotros nos inventamos. ¡Qué maravilla! Es algo que Él es, que Él hizo, y ahora lo hemos recibido y está haciendo Su trabajo; Él está haciendo Su trabajo.
Cuando nosotros queremos reclamar, entonces Él nos corrige; antes no nos dábamos cuenta, antes nos parecía normal reclamar, protestar; todo nos parecía lo más normal; no nos sonaba destemplado, pero ahora qué destemplado suena. Es porque Cristo se está formando, porque ahora Cristo está haciendo que haya en nosotros el mismo sentir que hubo en Él. Esa es la formación, eso no es nada teórico; es algo muy práctico, es algo de nuestra conciencia, es algo de nuestros pensamientos, es algo de nuestro sentimientos, de nuestras emociones. Nosotros por años aceptamos ciertas emociones; podían ser de amargura, o de odio, o de envidia, o de lástima de sí mismo, o de jactancia, o de orgullo, cantidad de sentimientos; ahí convivimos con ellos como lo más normal, y todo el mundo se nos tenía que cuadrar, pero el Señor Jesucristo empezó a hacer Su trabajo, y ahora no nos admite esos sentimientos; ahora no nos admite esas cosas. Antes, cuando éramos chiquitos, podíamos usar los pañales y hasta podíamos arreglar las cosas así rapidito, pero después no; cosas que a otros le han sido permitidas, a ti ya no te van a ser permitidas. De pronto te encuentras con un Cristo muy verdadero, que resiste a los soberbios y da gracia a los humildes; cuando se levanta la soberbia en nosotros, nos encontramos con un muro y no le podemos coquetear; no hay otra salida sino humillarnos, deponer nuestro orgullo hasta la muerte, ser perdonados, ser limpiados, pasar su examen y recibir el testimonio de Su Espíritu en nuestro espíritu, el fluir de la fuente purificadora que termine con nosotros. Ya no importamos, porque ahora estamos en Él.
Pero antes de ser cenizas, todo nos importa; pero a medida que estamos más en la luz, somos más expuestos y se nos trata más; y gracias a Dios que trata con nosotros y no nos deja en esas tinieblas, sino que nos ha llamado de las tinieblas a su luz para ir saliendo como demonios escondidos, poco a poco. Claro que no somos demonios, pero como que vamos sacando nuestra miseria y la vamos trayendo a Sus pies, y Él nos va conquistando, nos va perdonando, nos va limpiando.
Cristo renovando nuestra alma
Cristo en la voluntad, se refiere al querer de Cristo, al querer que Dios produce en nosotros; ya no es mi querer solo, sino que "Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer" (Fil. 2:13).
Entonces nos damos cuenta que Cristo en la conciencia, en la mente, en la voluntad, en las emociones, ya es Cristo formado en nosotros.
Lo relativo a Cristo revelado y comenzando a morar en nosotros, es la regeneración; pero Cristo renovando nuestro entendimiento, nuestra voluntad, nuestros sentimientos, eso ya es un proceso; eso es la renovación.
Cristo en el espíritu es la regeneración, Cristo como vida. Cristo en el alma, en la conciencia, en la mente, en la voluntad, en la emoción, en el corazón, es Cristo formándose, es Cristo como vivir. En el espíritu es como vida, en el alma es como vivir; o sea que Dios creó al hombre para el vivir de Cristo. A veces nosotros tenemos nuestro propio vivir en nosotros; pero el Señor sabe que un día quisimos ser de Él, pero estamos muy habituados al vivir en nosotros mismos; y aunque tuvimos la intención, y de corazón nos entregamos a Él, nuestra alma y la inercia nos tienen acostumbrados a vivir en nosotros mismos. Entonces le toca a Él intervenir; le toca a Él decir: ¿Me das permiso? También viene después como Cristo formado en nosotros, Cristo en el cuerpo. Claro que esta renovación, este vivir de Cristo, es el que produce la transformación; porque la Palabra dice: "transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento" (Ro. 12:2).
Cristo vendrá, etc., etc., hasta llegar a nuestro espíritu, revelarse, morar, moverse, actuar, ejercer Su persona y empezar a ejercer desde el espíritu para habitar en nuestra conciencia, en nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestra voluntad, en cooperación con Él. Así es que Él nos renueva. La renovación es lo que produce la transformación; entonces por eso dice: "Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta".
Para que comprobéis; de lo contrario, todo se queda sin comprobar, se queda en pura teoría, pero para que comprobemos, debemos cambiar de forma, pasar de una forma a otra. Eso es lo que quiere decir ser transformados; pasar de una forma a otra; y eso se realiza por medio de la renovación; la renovación comienza por el entendimiento.
Configuración a la imagen de Cristo
Ahora habita en nosotros un nuevo entendimiento que nos sopló el Espíritu de Cristo; ahora entendemos y simpatizamos y consentimos; entonces ahora Él da un paso más en nuestro ser; ahora nos va transformando hasta configurarnos; es la siguiente etapa. Después de la renovación, la transformación, es la configuración a Su imagen; ya es cuando esta transformación llega a donde está destinada a llegar.
Dios no quiere que nos quedemos por la mitad; Él quiere que por lo menos los vencedores en la Iglesia paguen el precio para que tenga culminación el programa de Dios. Puede ser que no todos en la planta vayan a llegar a reproducir el grano que fue sembrado; algunos se quedan por las ramas, por la derecha, por la izquierda; se quedarán por ahí en la cáscara, digamos, de la mazorca; pero algunos llegarán a ser exactamente como lo que fue sembrado.
La historia de la Iglesia es como esa planta que crece. Algunos se quedan por ahí por las ramas; para algo servirán. Claro que el Señor no se puede alimentar de hojas; Él se alimenta del fruto, pero las hojas nacieron de la vida o tienen algo de vida, pero no son su expresión más perfecta. Ahora, ¿será que Dios nos llamó a la expresión más perfecta? o si no, ¿para qué estamos hablando de estas cosas? ¿Por qué no estamos mejor hablando de otras cosas? ¿No será que Dios espera de nosotros consentimiento para que nos entreguemos sin ninguna reserva a Cristo? Él llevará esta transformación hasta que cambiemos de forma; no siempre será agradable, pero el Señor dijo: "20Vosotros lloraréis y lamentaréis, y el mundo se alegrará; pero aunque vosotros estéis tristes, vuestra tristeza se convertirá en gozo. 21La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora" (Jn. 16:20-21). ¿Por qué? Porque cada vez estarás más descontento contigo mismo. Antes te soportabas más, pero cada vez te soportas menos; antes te dabas muchos permisos; después dirás: Señor, no quiero mover un dedo sin tu ayuda. Entonces esto pertenece a Cristo en el alma también; aunque esta configuración va a ser también en tu cuerpo. Pero nuestra personalidad es una; lo que Dios quiere ganar y que ganemos con ella es el alma; "con paciencia ganaréis vuestras almas". Esto no se refiere a la salvación del infierno, sino a la transformación a la imagen de Cristo. Que el alma se parezca a Cristo, que Cristo pueda decir: esta alma es como yo, siente como yo, piensa como yo, actúa como yo, quiere como yo; yo quiero con él, él quiere conmigo, cooperamos juntos; así que, "Padre, dónde yo estoy, éstos estén conmigo".
Esta configuración es obviamente en el alma principalmente, pero también llegará al cuerpo, pues la Biblia habla de Cristo en el cuerpo, pero también tiene sus partes. Pablo dice en Filipenses: "Ahora también seré magnificado en mí cuerpo"; es de dos maneras: o por vida o por muerte, o sea que eso se refiere a ahora, una etapa, después viene la resurrección. Antes de la resurrección hay un operar de Cristo, hay un magnificarse de Cristo en nuestro cuerpo. Nuestros cuerpos, dice: "son miembros de Cristo". Dice: "¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera?" (1 Corintios 6:15). Es decir, que Cristo debe ser magnificado en nuestro cuerpo; nuestro cuerpo físico también es llamado, no sólo, pero también "miembros de Cristo". Dios está haciendo la misma operación en nuestro cuerpo; Él está santificando nuestro espíritu, alma y cuerpo. ¿Cómo? magnificando a Cristo en el cuerpo; es decir que Cristo pueda usar más nuestro cuerpo, que nuestro cuerpo sea cada vez más separado, exclusivo de Cristo, que Cristo pueda caminar con nuestros pies, trabajar con nuestras manos, hablar con nuestra boca, mirar con nuestros ojos, oír con nuestros oídos; eso es magnificar a Cristo. Entonces dice Pablo: "Ahora"..., también ahora, eso todavía en vida de Pablo; que estaba preso y estaba en situaciones difíciles para el cuerpo de Pablo porque él estaba en prisión y pasando pruebas en su cuerpo. Entonces dice: "Ahora (ahora, ahora) también será magnificado Cristo en mi cuerpo, o por vida o por muerte" (Fil. 1:20), es decir, si quedaba vivo, entonces él seguiría trabajando para Cristo en Su obra, en la carne. Mientras él trabajara en su carne como instrumento para la obra de Dios, que Dios mismo, Cristo mismo, el Espíritu mismo, la Trinidad misma haga Su obra por él; Pablo usando su cuerpo. Esa es una magnificación de Cristo en el cuerpo para vida. O si él moría, era ofrecido en sacrificio, en libación sobre el sacrificio; también Cristo era magnificado en el martirio, en el martirio de Pablo, cuando él fuera decapitado, allí Cristo estaba siendo magnificado. Pero, la Biblia habla no solamente de este aspecto actual de la operación de Cristo. Dice: "10Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo a la verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia. 11Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros" (Romanos 8.10-11). De manera que esta vivificación del cuerpo mortal también tiene dos partes:
Primero ahora, como anticipo, y en la resurrección. Ahora, porque así dice en la Escritura en segunda a los Corintios; en nosotros actúa la muerte, y en vosotros la vida; y dice: para que Cristo, para que Jesús sea manifestado en vida a través de nuestros cuerpos mortales; es Cristo en nuestros cuerpos mortales. Cristo magnificado en nuestro cuerpo, por vida o por muerte; vindicando nuestros cuerpos. A veces estamos cansados, no damos más, pero el Señor llega a nuestra voluntad y le dice a nuestro cuerpo: se sienta y va a transcribir este cassette de nuevo. Como le pasó a Marlene; después de que había hecho una transcripción y el diablo se la borró, era como para no volver a sentarse en un computador en muchos meses, pero el Espíritu Santo apareció a la voluntad, al cuerpo y al computador.
Aleluya. Cristo vivificando nuestros cuerpos mortales. A veces estamos cansados, a veces nos duele algo, cualquier cosa, pero ahí está Cristo.
Cuando nosotros participamos de la cena del Señor, estamos alimentando también la resurrección del cuerpo. "54El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. 55Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida" (Juan 6:54,55). Pero esa resurrección ya tiene un anticipo, lo que se llaman los poderes del siglo venidero; como por ejemplo: la sanidad, los milagros en nuestro cuerpo. Después sí vendrá la resurrección completa de nuestro cuerpo en la venida del Señor, pero no necesitamos esperar la resurrección del cuerpo para que ya nuestro cuerpo mortal reciba algún beneficio, sólo que no es el beneficio total.
La plenitud de Cristo
El Espíritu es el anticipo de la herencia, pero la herencia completa alcanza a nuestros cuerpos y alcanza la naturaleza; aun la creación será libertada de la esclavitud a la libertad gloriosa de los hijos de Dios; eso es cosa grande. Entonces es Cristo magnificado en nuestro cuerpo. Hasta aquí todo es individual, pero en la parte siguiente es la parte corporativa. Dice que Cristo habita en nuestros corazones por la fe. ¿A fin de qué? Con este objetivo: que arraigados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos, cuáles sean las medidas de Cristo, la anchura, la longitud, la profundidad y ser llenos de la plenitud; o sea, que el trabajo que el Señor hace en el individuo es en función a Su ensamble en el cuerpo de Cristo; así como se trabajaba con las piedras allá aparte, sin hacer ruido, y después se traían y se ensamblaban unas con otras para armar la casa de Dios. Es lo que dice en Efesios: "El ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; para que habite Cristo por la fe en nuestros corazones"; es decir, cuando ya Cristo está tratando con nuestros pensamientos negativos, prejuicios, sospechas; mejor dicho, somos muy terribles. ¿Para qué nos ponemos a hacer explicaciones si ya sabemos, si ya tenemos experiencia? "A fin de que arraigados en amor", o sea que esa formación de Cristo en el alma, es un echar raíces para entrelazarnos y conducirnos; allí ya no se trata de la unidad del espíritu, sino de la unanimidad de los santos. "Arraigados en amor", ya no es algo individual. Si yo no soy tratado en mi manera de pensar, de sentir, de querer, yo no voy a poder convivir con mis hermanos. A veces nuestros pensamientos son sólo lo peor y decimos lo peor e imaginamos lo peor; nunca tuvimos un pensamiento de confesión, un pensamiento de gracia; un discernimiento no es el que sana, es la gracia; la vida entre el perdón y la misericordia, el ánimo que empieza a fluir del espíritu, la compasión, eso es lo que sana.
Entonces dice: "Arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos". ¡Ah! comprender con todos. Aunque a veces, debo comprender yo solo. Yo no opino como usted, ni pienso como usted, no, no. El Señor nos quiere llevar a tener una misma mente, un mismo parecer, que hablemos una misma cosa, que sigamos una misma regla; entonces desde ya tiene que haber un trabajo en nosotros para poder tener un mismo parecer con mi hermano, de lo contrario cada uno tiene su parecer; pero Dios quiere que todos juntos tengamos el parecer de Cristo, el sentir de Cristo, pero ya juntos, ya no sólo yo, sino juntos; y entonces ahí viene lo que es la comunión del espíritu, la unidad del espíritu, la unidad de la fé y del conocimiento, que hay que alcanzarla. Es un proceso; eso es comprender con todos los santos; ahí es cuando uno tiene que aprender a encajar con todos. No es más. Que lo que de Cristo llegue y lo de Cristo en mí se reconozca mutuamente, y lo ajeno también sea sindicado y señalado. Eso es un proceso, pero en eso estamos.
¡Ah! que fácil es quedarnos solitos, porque ahí nadie me molesta, nadie me da sus opiniones, nadie me corrige, pero estar con otros que piensan distinto, que sienten distinto, es como una olla express que tiene yuca, plátano, papa, mejor dicho, un sancocho; ahí se está volviendo zancocho; al final el sancocho está cocinado; pues bueno, parece que la papa sabe a carne, la carne sabe a repollo, el repollo sabe a carne: todos han aceptado un poquito de lo de uno, han aceptado un poquito del suyo al otro, cuando el sancocho está cocinado. Mientras tanto, vamos avanzando, ese es nuestro camino; tenemos que saber eso en serio. Muy fácil es quedarse solo, muy fácil es hacer las cosas donde otros no nos supervisen, no opinen, no analicen nada, no me digan nada; pero estar viviendo las 24 horas del día delante de todos, donde todos están viéndonos las 24 horas, como eres tú, es diferente, porque ahí estamos a la luz del Señor directa y reflejada a través de los santos.
A veces, un hermano está bien y nos ayuda a todos; a veces el que está bien es otro; a veces cargo a todos, pero viene otro más poderoso y me libera de mi carga y me trae vida y entonces le trae también a los otros. "Comprender con" significa una misma mente y un mismo parecer; no echemos por la borda el querer de Dios, ese querer de Cristo; ese es el trabajo de Dios en la tierra, el trabajo de Dios con nosotros, entre nosotros y con nosotros para con otros. Es hacernos de una misma mente, de un mismo parecer en Él, la mente de Cristo, como dice la Biblia. Juntos tenemos la mente de Cristo; ese es su trabajo, pensar igual, porque el Señor nos ha dado el pensar lo mismo. No es que yo diga: Usted tiene que pensar como yo, no, no; no es eso. Es que Cristo nos hace pensar de la misma manera. Una cosa muy distinta es cuando Cristo nos hace pensar de la misma manera.
Hermanos, es una pérdida de tiempo tratar de hacer pensar a otro como yo. ¿Para qué perder tiempo? Pero deja que Cristo haga la obra. ¿Saben qué? Hasta los demonios van a pensar como piensa Dios. Dice que aun los de debajo de la tierra doblarán su rodilla y confesarán con su boca, que Jesús es el Señor. ¿Saben qué dice el Señor a los vencedores de Esmirna? Les dice: "Yo conozco... la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás" (Apocalipsis 2:9). Y a los vencedores de Filadelfia les dice el Señor: "He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo (no eres tú) haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado" (Ap. 3:9). ¡Terrible! No, tú no tienes que hacer nada; la gente puede criticar y decir cosas y tú no tienes que pelear con ellos.
Si tú estás diciendo lo que dice Cristo, déjalos que protesten; va a llegar el momento en que la mano del Señor se va a poner en la cerviz y los va a traer, y ellos van a tener que confesar: Hermanos, ustedes eran los que tenían la razón; yo era un egoista, un necio y hablaba lo que no entendía. Cuando la mano del Señor venga, entonces todos nosotros podemos opinar, decir muchas cosas, pero cada vez todo lo que es mentira va siendo expuesto, todo lo que está oculto va a ir siendo expuesto, todo lo que es vergonzoso va siendo expuesto.
Dice el Señor: "Y conoceréis". ¡Ah! todavía ustedes se dejan engañar por las apariencias, pero conoceréis la diferencia del que sirve a Dios y del que no le sirve; esa es la promesa del Señor, pero después; ahora la gente habla y dice cosas y protesta como si el Señor no fuera a establecer Su reino en forma definitiva. Ya lo está estableciendo en la lglesia por el Espíritu, pero en aquellos que querían que reinase, mientras estamos negociando para Él, mientras Él se fue a recibir el Reino. Cuando Él venga y haya recibido el reino, a ver qué negocio hicimos con lo que Él nos dio, entonces Él va a decir: Aquellos que no querían que yo reinase, serán decapitados; les quitó la cabeza porque ellos querían ser cabeza y querían que las cosas fueran como ellos pensaban. Él nos tiene que quitar la cabeza, porque no hay sino una sola cabeza en el universo: Cristo.
Hermanos, lo mejor es nosotros mismos aceptar por cabeza al Señor Jesús, para que no quedemos sin cabeza. Todo esto, hermanos, es para la Iglesia. Un solo corazón, una sola alma, unanimidad; ya no es sólo espíritu, es unanimidad. El Señor está trabajando en la unanimidad, es Cristo en el alma de la Iglesia, es Cristo en el corazón de la Iglesia en cada localidad, la Iglesia en Jerusalén juntos y unánimes: un solo corazón, una sola alma; ese es el trabajo. Entonces sí, después viene la resurrección de todos los santos y viene el milenio y viene el juicio del trono blanco y viene la participación de los santos en el juicio, incluso de los ángeles; después viene un nuevo cielo y una nueva tierra: la Nueva Jerusalén y la esposa del Cordero, teniendo transparencia de gloria. Ese trabajo de hacernos transparentes es el que está haciendo ahora. El vidrio al principio no es transparente, es como arena, es como tierra; pero es allí en el fuego que se cocina y se va volviendo transparente. Entonces, nosotros que no somos transparentes de buenas a primeras, somos sumamente astutos, pero el Señor nos va haciendo cada vez más transparentes, más directos, menos fingimiento, menos vueltas, más directos y eso hasta que seamos completamente diáfanos, sin distorsionar al Señor. No. Que no tengamos que quitar aquí ni agregar allá, sino que el Señor pueda pasar a través de nosotros, como se decía antes, como la entrada del sol pasa por el vidrio sin romperlo ni mancharlo.
Entonces ya Cristo en vosotros (ese vosotros es cada uno) y todos Juntos en Jerusalén, todos juntos en Antioquía, todos juntos en Corinto, todos juntos en Éfeso, en Tunjuelito, en Suba, en Engativá, en Teusaquillo, en Barrios Unidos, en Usaquén, en Puente Aranda, etc., en cada localidad. Cristo en vosotros, cada uno, como un solo cuerpo, y luego toda la región, la comunión de las Iglesias entre sí, y luego las de todo el mundo: el cuerpo de Cristo. Cada iglesia local, entonces los grupos de iglesias locales en regiones y campos; y entonces la Iglesia Universal. Ahí vemos esa salida de Dios, que sale de Sí mismo para revelarse y meterse en la lglesia y aparecer en gloria a través de la esposa: La Nueva Jerusalén, la Esposa del Cordero. Cristo en la Iglesia, el mismo Cristo desde la eternidad, en el propósito de la creación, de la encarnación, del vivir humano, de la muerte, de la resurrección, de la ascensión, de la mediación, del regreso, Él mismo en Espíritu, en el espíritu, en el alma y en el cuerpo; en la iglesia de cada localidad, en la comunión de las iglesias de la región y en la comunión de los santos: el cuerpo único de Cristo.
Cristo corporativo, Cristo que tiene muchos miembros, Cristo en
gloria y la esperanza de nuestra gloria en Él, la Nueva Jerusalén, la Esposa del Cordero, teniendo la gloria de Dios. Amén.?
"Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo".






















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